Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La única salida de Venezuela es la rebelión

Maduro ya está maduro.

— Gonzalo Asturias Montenegro
Más noticias que te pueden interesar

La rebelión es un concepto filosófico, político, social y ético que ha figurado en las disquisiciones de distintos pensadores. Pero más que trazar una historia del mismo prefiero, en forma aplastante y concluyente, citar la frase que resume el pensamiento de quienes han propuesto y defendido el concepto: Cuando la tiranía se hace ley, la rebelión es un derecho. Y este es el caso de Venezuela en donde a su población ahora ya solo le asiste el derecho de rebelión porque todas las demás puertas democráticas y de diálogo se han cerrado con tranca. 

La rebelión es el levantamiento de un pueblo en contra del gobierno con el fin de derrocarlo generalmente por la opresión inaguantable de este; es un intento último y deliberado de cambiar un statu quo que resulta insoportable; es la última opción de una población que teniendo sangre y no horchata en las venas lucha por la libertad y la democracia en una apuesta por la vida.

En Guatemala, nosotros tuvimos una rebelión en 1920, cuando los guatemaltecos sin distingo de aspectos económicos o sociales, de edad o sexo, se levantaron contra el dictador, Manuel Estrada Cabrera. Los guatemaltecos tomaron los puestos de Policía para apropiarse de las armas para la lucha. El sátrapa se refugió en su casa de campo, situada en las cercanías de donde hoy está situado el gimnasio Teodoro Palacios, y bombardeó durante diez días la ciudad capital cuyo control había perdido, matando a personas inocentes de forma indiscriminada. En la lucha de un pueblo por la libertad y contra la opresión, todos aportaron lo que podían: una ferretería regaló todos los machetes que tenía en existencia para una lucha que no se sabía qué rumbo podría tomar. Finalmente, el dictador renunció, y pidió la protección del cuerpo diplomático para evitar el linchamiento. La novela El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias, escanea en forma literaria la dictadura de los 22 años.

Claro que en el caso de Venezuela las cosas tomarán distintos y creativos derroteros porque en la historia de la humanidad no ha habido dos rebeliones iguales. La Revolución francesa terminó en la guillotina y en la siempre aplaudida y admirada proclamación de los derechos inalienables del ser humano, los cuales no interesan para nada a Maduro, que los viola todos. Por ello, para los venezolanos la rebelión que se está iniciando es un acto de legítima defensa. ¡Basta ya de dictadores del Siglo XXI!

Para sostenerse, el presidente Maduro le abrió de par en par las puertas de la corrupción a la cúpula del Ejército, que Chávez transformó de Ejército Nacional, en Ejército Chavista. Pero, al final de cuentas, los militares saben bien que llega un momento en el que al pueblo empoderado no lo detienen las bayonetas; y que cuando está ya hastiado hasta puede sentar a los militares en ellas. Pueden asesinar a centenares de venezolanos, pero detrás de ellos habrá millares de jóvenes amantes de la libertad y la democracia que seguirán la lucha. El final, puede ser el abandono de las ratas gobernantes del barco que se hunde; o la traición de la rosca que aúpa a Maduro que, en la
desesperación, hasta podría cometer un magnicidio.

A este respecto, recuerdo que en la historia de la cultura occidental, especialmente en la baja edad media, ha habido un debate sobre la licitud ética de matar al tirano, y el propio Tomás de Aquino aportó su granito de arena al concepto que yo, a propósito, solo apunto, porque me gusta la historia, que es maestra de los pueblos, pero que no propongo ni defiendo. Vade retro.

Quiero subrayar que algunos columnistas guatemaltecos han querido trazar un paralelismo entre la Guatemala de 1954 y la Venezuela de 2017, pero no hay un solo elemento que permita trazar con rigor paralelismo alguno.

Finalmente, considero que todos los demócratas latinoamericanos debemos ponernos de pie para marcar un alto político a la ya insoportable dictadura venezolana, porque callar es otorgar o ser cómplice del asesinato de un pueblo que se resiste a morir.

El número de detenidos, torturados, asesinados, heridos sube cada día en una espiral de demencia diabólica. Entretanto, a los represores venezolanos hay que recordarles dos cosas: que los delitos de lesa humanidad no prescriben nunca; y que Maduro se va a caer pronto porque ya está maduro.

gasturiasm@gmail.com

Etiquetas: