Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

“Estamos a días de volvernos Venezuela”

Sí, señores, tal y como lo leen, estamos a apenas a días de convertirnos en ese país represivo, desastroso y comunista que es Venezuela.

 

— Marcela Gereda
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Van y vienen mensajes en las redes sociales como el anterior, otros que dicen: “diez signos de porqué estamos a días de convertiremos en Venezuela”. Los signos van desde “argumentos” de porqué ambos países tienen corrupción y presidentes burros, a que en ambas naciones no hay Miss Universo, ni buen fútbol, hasta otros “signos” de que aquí como allá, los medios de comunicación hacen lavado de cerebro con los pobres.

¿Qué expresa sobre esta sociedad que haya mucha gente que jura que Plaza Pública es uno de esos medios de comunicación que contribuyen a que Guatemala se convierta en Venezuela?

Además de lo anterior estuvo circulando un video en el que se muestran las caras de Thelma Aldana e Iván Velásquez y que luego estos dos se quitan una máscara y aparece Maduro.

Ante las recientes reformas constitucionales, los sectores más conservadores se oponen con miedo, arguyendo de que en caso de que esas reformas pasaran, “el país se convertiría en un país comunista”.

Ingresar a las redes sociales y constatar ese opinionismo barato que alude a que Guatemala se convertirá en Venezuela solo responde a una lógica: el regreso de ese enemigo creado por los gringos. El fantasma del comunismo. El ethos anticomunista y desinformado sobre el que se constituye esta sociedad. Hay entre nosotros una generalizada y masiva incapacidad de análisis y una miopía histórica.

El mecanismo siempre ha sido el mismo: el poder desde sus centros de información emite comunicados y otros dispositivos efectivos, y provocan así la paranoia alertando a la población: “tened cuidado estamos demasiado cerca del comunismo”. Y así, todos al unísono repitiendo miedos infundados, unos miedos que nos hacen sentir que la Guerra Fría no ha acabado, que nunca acabó.

Y es que aquí el impacto de la revolución cubana en el hemisferio occidental y los sujetos de la Guerra Fría inventaron e inflaron ese espectro ficticio, ese fantasma que sigue deambulando y cooptando los espacios. Tanto así, que cada vez que alguien hablaba y habla de justicia resuenan las campanas de la sombra del comunísimo.

En nombre de los buenos modales, las buenas costumbres y el anticomunísimo, aquí se cometieron actos bestiales. Todas las formas posibles de terrorismo de Estado para cuidarnos de esos “rojos come niños”. Entonces, ser pobre, indígena era sinónimo de ser “comunista”. Hoy cuestionar por qué hay pobres también te convierte en comunista.

“Si le doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo. Pero si pregunto por qué los pobres pasan hambre y están tan mal, me dicen que soy un comunista”, dice Helder Pessoa y esa idea le viene como anillo al dedo a una sociedad que se regodea de preocuparse por los pobres pero no por saber por qué son pobres.

Hoy en día se sigue utilizando el viejo recurso, es infalible: se inventan otra vez “el peligro comunista”. Los neoliberales hoy en día se siguen dando a la tarea de crear ese enemigo imaginario que es el comunismo o la posibilidad de convertirnos en Venezuela y para ello desinforman con campañas y propaganda infundida masivamente en la población. No tienen poder que les haga la contraparte. Muchos creen que lo que ocurre hoy en el país es parte de una conspiración que fue planificada desde los difuntos Chávez o Fidel Castro.

En el imaginario colectivo está ya tan interiorizado ese “enemigo” que es el comunismo, (porque el ideario “anticomunista” fue instalado abiertamente por el Estado, no solo resultó útil para las clases dominantes sino también legitimó la violencia de Estado) que cada vez que se discute cualquier tema social, el poder vuelve a sus viejas y conocidas trincheras: “no queremos reformas porque nos convertiremos en comunistas”. “No queremos más manipulación de esa gente oscura de izquierda porque estamos a solo unos días de convertirnos en Venezuela”.

Y bueno, dado que estamos a solo días o quizás horas de convertirnos en una Venezuela, mejor seamos prudentes y vayamos de una vez a los supermercados a abastecernos de víveres.

¿Comunismo?

¿Dónde?

¿De dónde telas, si no hay arañas?

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