Martes 20 DE Agosto DE 2019
Opinión

Trabajar para vivir o vivir para trabajar

El esfuerzo debe centrarse en vivir el presente, en el presente, siempre con visión de futuro y valores aplicados día a día.

 

Fecha de publicación: 01-05-17
Por: Richard Aitkenhead Castillo

Las mismas palabras, un diferente orden. Resultados opuestos. Frases que usamos con frecuencia al referirnos a personas o culturas diferentes. En el Día Internacional del Trabajo, una fecha en la que se acostumbra realizar marchas de trabajadores, en épocas pasadas cargadas de ideología y de protestas, o donde otras personas utilizan la fecha para un balance de su situación laboral y, otros más, para descansar, especialmente cuando se puede hacer puente como este año.

El trabajo, en general, absorbe poco a poco, hasta que sin sentirlo, la vida gira alrededor del trabajo y no de la familia. Grave error. Las relaciones personales y las amistades terminan siendo relegadas, prevalece el trabajo. Con el tiempo la tensión, las angustias y las inseguridades, hacen que no alcancen los ingresos y que la presión siga aumentando. Los problemas no disminuyen, se intensifican. Eres víctima de vivir para el trabajo.

El mito de “trabajar más cada día contribuye a forjar un mejor futuro profesional”, no es aceptado a nivel científico. Los resultados demuestran que extensas jornadas de trabajo tienden a degenerar en fatiga laboral, riegos incrementales de accidentes y, al final, baja productividad. No se trata del número de horas de trabajo, se trata del enfoque con el cual se enfrenta el trabajo. Se debe cuidar no cambiar salud y felicidad, por dinero. Es cambiar futuro por presente.

La segunda opción, trabajar para vivir, es una actitud que, con frecuencia, se refleja en baja responsabilidad en el trabajo y poco esfuerzo. Una actitud de vivir la vida, sin planificación ni esmero. Al principio, parece que es una buena elección. Con el pasar de los años es probable, sin ocurrir siempre, que la carrera profesional resienta el enfoque y que los avances en términos de responsabilidades, éxitos y recompensas económicas, sean reducidos. Se hace evidente que se ha cambiado presente por futuro. La vida hoy, las facturas mañana.

Como siempre no todo es blanco o negro, lo mejor siempre requiere de balance y esfuerzo. La familia debe ser prioridad. El trabajo debiera ser, como objetivo, lugar de encuentro entre desarrollo profesional, esfuerzo continúo y búsqueda de la realización personal. Existen hábitos que son correctos en todo caso: Ahorrar más y trabajar menos, sin descuidar la productividad; ningun exceso se presenta en forma súbita, lanza múltiples avisos antes de atacar a fondo; el planear el futuro, pero actuar en el presente; y, el menos utilizado, entender que la maestría llega después de mucho tiempo de práctica, de estudio constante y que los sueños necesitan ser alimentados. En síntesis, no se debe hipotecar futuro por presente, ni sacrificar presente por futuro. El esfuerzo debe centrarse en vivir el presente, en el presente, siempre con visión de futuro y valores aplicados día a día. En Guatemala, requerimos de un enfoque de mayor productividad en el trabajo, de incentivos en la dirección correcta y de sueños más grandes y más retadores. Sueños que nos impulsen a ser mejores día a día.