Jueves 9 DE Julio DE 2020
Opinión

Psicopatía guatemalteca

Clara evidencia de que se buscó por todos los medios destruir la semilla y acabar con voces jóvenes críticas.

 

Fecha de publicación: 01-05-17
Por: María Aguilar

La semana pasada, Jabes Emanuel Meda Maldonado atropelló a 11 estudiantes del Instituto Nacional Carlos Federico Mora, -falleciendo posteriormente Brenda Viviana Domínguez Girón de 15 años- quienes protestaban en la calzada San Juan para que el Ministerio de Educación atendiera sus demandas  educativas.  El hecho, por un lado, causó conmoción e indignación y por el otro, reveló la psicopatía e hipocresía de buen número de personas.

En redes sociales, desde usuarios particulares hasta artistas justificaron el  delito que cometió Jabes Meda, argumentando que el derecho a la libre locomoción es más valioso que el derecho a la vida. Sin remordimiento, humanidad, pena o vergüenza celebraron el acto y la muerte de los estudiantes hasta llegar al punto de afirmar que ellos harían lo mismo. Mientras en el Congreso, un grupúsculo de diputados hipócritas emitió el punto resolutivo 3-2017 condenando los hechos y “todo tipo de violencia contra la juventud”, como si no fuesen ellos uno de los más grandes obstáculos para el bienestar de la juventud guatemalteca al oponerse a la aprobación de la Ley Nacional de la Juventud que garantizaría “el derecho  a una educación sexual integral, científica y laica”.

Esta nueva violencia cometida por Jabes Meda contra la niñez y juventud que nuevamente protestaba para que el Estado los escuchara, debe dejar de ser catalogada como tragedia y ser llamada por lo que son: homicidios permanentes cometidos por individuos particulares, funcionarios de gobierno o por políticas de Estado. Este último, el Estado, resulta siendo el mayor responsable de truncar vidas y futuros de generaciones completas. Es más, lo ha hecho permanentemente. Durante el conflicto armado acabó con generaciones de niños, adolescentes y jóvenes, urbanos y rurales, quienes murieron masacrados en pueblos y comunidades o desaparecidos y asesinados en calles de la capital a manos de las fuerzas de seguridad. Clara evidencia de que se buscó por todos los medios destruir la semilla y acabar con voces jóvenes críticas.  Actualmente, en la época de posguerra poco ha cambiado.

Hoy, a niños y jóvenes se les continúa matando y destruyendo de múltiples formas, porque la esperanza que posee la niñez y la rebeldía que alberga la juventud, continúan asumiéndose como parte del enemigo interno.