Jueves 9 DE Julio DE 2020
Opinión

Menos empresas y menos empleos

Fecha de publicación: 01-05-17
Por: Editorial

La constitución de nuevas sociedades y empresas mercantiles va en declive en Guatemala, lo que se traduce también en menos empleos y en un menor poder adquisitivo.

La disminución progresiva de la constitución de sociedades y empresas mercantiles ha venido ocurriendo desde que cobró vigencia el “Paquetazo Tributario 2012” (Ley de Actualización Tributaria y Ley Antievasión II), que vino a gravar con severidad a la clase media (medianos y pequeños empresarios, profesionales, técnicos, trabajadores calificados, burócratas, jubilados, etcétera). En fin, la obra de arte de los militantes tributarios.

Por supuesto, los militantes tributarios no repararon ni reparan en que las normas tributarias y regulatorias en general no deben asfixiar a los agentes económicos ni desestimular la inversión privada, ni menos causar temor y provocar desinversión y descapitalización humana, porque bajo este supuesto aunque las leyes fiscales sean “draconianas” la recaudación tributaria siempre irá a la baja en vez de aumentar.

La declinación de la constitución de nuevas sociedades y empresas mercantiles sumada al cierre de negocios (desinversión, quiebra, clausura tributaria, etcétera) como consecuencia de la desaceleración económica o de decisiones administrativas arbitrarias es una calamidad, porque redunda negativamente no solo en los inversores, sino que también en la mano de obra que queda a la intemperie, sin trabajo.

El mercado formal de trabajo solo absorbe el 20 por ciento de la mano de obra incremental anual que se incorpora al mercado laboral, de lo que se deduce que el 80 por ciento de esa mano de obra se tiene que quedar en la economía informal, caracterizada por el autoempleo, o emigrar hacia mercados laborales foráneos. En todo caso, la espiral delincuencial es una medida del desempleo y de la falta de fuentes de trabajo en una sociedad como la nuestra.

Por otro lado, el aumento del salario mínimo es un espejismo, porque aparentemente mejora los ingresos de los trabajadores, pero no toma en cuenta que de nada sirve a un desempleado o a un trabajador de la economía informal. Es más, el salario mínimo se vuelve inútil cuando cierra una fuente de empleo, deja de abrirse una empresa o se recorta personal.

En fin, alegrarse, como lo hacen los militantes tributarios, porque desaparecen empresas o porque no se abran nuevas es absurdo y conlleva implícita una obsesión anti emprendimiento o una intencionada, díscola y proactiva actitud de socavar el sistema económico.