Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Realidades y desafíos…

— Jose Rubén Zamora
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Nuestros presidentes han sido meras anécdotas en la historia. Jimmy Morales no escapa a esa triste realidad. El legado acumulado de los gobernantes ha sido la construcción de una sólida y bien enraizada cleptocracia, caracterizada por niveles de corrupción e impunidad extremadamente altos y un Estado clientelista, eficaz, fundamentalmente para responder a las necesidades y exigencias de las mafias.

El problema de Guatemala es que la corrupción nos desbordó y se transformó en un fenómeno normal, habitual, perenne, ininterrumpido, endémico y sin fronteras ni límites conocidos. Guatemala es una especie de piscina sin fin y sin fondo, que en lugar de agua, está llena de estiércol y todos, inconsciente o conscientemente, estamos inmersos en ella.

Nuestro desafío es construir un Estado eficiente, estable, con capacidad de respuesta para la sociedad en su conjunto, al menos en sus necesidades básicas, libre de corrupción, lamentablemente, en un contexto de decadencia política, donde los progresos políticos son marginales y las regresiones la constante, pues los poderes del pasado son poderosos y no están dispuestos a soltar prenda y antes que cooperar con la modernización prefieren apostar a la inestabilidad, la propagación del caos, la politización y radicalización de las discusiones, la imposición del discurso único y la incertidumbre, incluso la ruptura política.

El desafío de Guatemala es simplemente establecer el Imperio de la Ley y dejar atrás la cleptocracia y el modelo clientelista. Sin embargo, la fuerza de los grupos modernizantes es precaria y están secuestrados y asfixiados por la intransigencia del poder establecido y los dogmas y ortodoxias de la derecha fascista y el marxismo más retrógrado, que, en medio de su vacío existencial, busca hasta el cansancio su inviable utopía perdida. No cabe duda que estamos bien jodidos.

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