Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Dictaduras y cancillerías

Mi solidaridad contra la dictadura militar en Venezuela.

 

— Fernando González Davison
Más noticias que te pueden interesar

Leí con buen ánimo la novela Los años robados (Santillana, Madrid), del brasileño Edgard Telles Ribeiro, pues mostró con claridad el rol de la CIA con los diplomáticos de Brasil y del Cono Sur en los años de las dictaduras militares de 1960 a 1985. Evidenció cómo las cancillerías y su servicio exterior fueron instrumentados para coordinar enlaces para tareas que iban contra la democracia y los derechos humanos. A través de sus departamentos de cooperación técnica, enviaban agentes de tortura, militares y financistas como simples técnicos, dentro de la Operación Cóndor, con sede en Brasilia, desde fines de los años sesenta. Los represores y vendedores de armas llegaban en calidad de técnicos en agricultura u otro oficio para pasar desapercibidos.

El engaño es parte del juego internacional como los juegos bélicos en Corea o en Siria para evitar la caída de popularidad de Trump por su oscura relación con Putin, quien le ayudó a ganar las elecciones presidenciales. Presionado por sus generales, Trump lanzó medio centenar de cohetes contra una semivacía base aérea siria en “represalia” por las armas químicas. Según el exjefe de la inteligencia británica, Putin facilitó préstamos a Trump en 2008, cuando su emporio fue a la quiebra.

Volviendo a las intrigas en el Cono Sur, con conocimiento propio, pues Ribeiro fue diplomático brasileño en esas décadas, nos muestra cómo la CIA y el MI6 inglés se articulaban con diplomáticos y militares de Brasil y el Cono Sur para acabar con las democracias en Uruguay, Argentina, Chile… Los diplomáticos de la región laboraban para la CIA o el MI6. Iban a defender a las burguesías contra las guerrillas de la región. Así, las inteligencias militares y las cancillerías siguieron las líneas de los generales brasileños. Las sedes regionales de la CIA y el MI6, estaban en Montevideo para despistar. El Plan Cóndor incorporó a esos países, más Paraguay, Perú y Bolivia. Los enlaces de las direcciones de cooperación técnica de las cancillerías facilitaban la cooperación entre esas agencias temibles que lanzaron por avión a cientos de desaparecidos.

Telles Ribeiro fue diplomático brasileño que también estuvo en Guatemala, donde hizo muchas amistades. En los ochenta, la G-2 de Guatemala obtuvo la cooperación de aquella red (así como de Israel, Sudáfrica y Taiwán) durante la administración de Lucas García y Ríos Montt. En ese lapso, como en los años sesenta, los agregados militares o secretarios de nuestras embajadas sirvieron para espiar a los posibles “subversivos” en el exterior.

Algo de esa asfixia deben sentir nuestros diplomáticos de 2015 al presente por representar a gobiernos corruptos, ante la paradoja que ahora EE. UU. es un aliado del pueblo guatemalteco, empeñado en reparar los daños del pasado, al secundar a la CICIG y al MP. Eso asusta a la elite y a los corruptos de siempre. Cuando volvió la democracia en 1985, todo el servicio exterior de los países aludidos, como el nuestro, aplaudieron a los gobiernos democráticos, como si nada hubiere pasado, como si el servicio exterior viviera en otra realidad.

Como ahora, que abrió nueva embajada en Turquía, donde hay una dictadura, mientras nuestros migrantes sufren el abandono y más años robados.

Etiquetas: