Jueves 27 Abril 2017
Opinión

Le convendría renunciar “ahora” don Iván

Usted supo aprovecharse del hermoso movimiento cívico iniciado por muchos buenos guatemaltecos en abril del 2015 en contra de la ostentosa corrupción del gobernante de turno.

 

— ARMANDO DE LA TORRE

El contentamiento generalizado por la presencia de la CICIG agoniza no menos generalizadamente.

Los escasos logros de la misma, todos, por cierto, atribuibles solo a don Iván y no a sus dos predecesores, los vemos seguidos de una evaluación cada vez más negativa por parte de la población guatemalteca. Porque las “revoluciones” suelen terminar un día por devorar a sus propios hijos.

Usted en lo personal será añadido a la lista de sus víctimas con la misma lógica que usted ha empleado para victimizar a las suyas… don Álvaro Uribe también
tiene razón en esto.

Usted, imprudentemente, ha llegado hasta a afirmar que quienes nos lamentamos del creciente número de arbitrariedades injustas por parte de la CICIG y de usted mismo somos criminales.

Pruébeme que lo soy.

En una entrega anterior me tomé la libertad de asimilarlo a Tomás de Torquemada. Algunos de mis lectores, más tarde, me han sugerido otra analogía más atingente a su caso: aquella de Maximiliano Robespierre, el “Incorruptible”, que asesinó a miles de inocentes valido de la recién inventada guillotina. Su endiosamiento también lo llevó a morir por esa misma herramienta. Usted supo aprovecharse del hermoso movimiento cívico iniciado por muchos buenos guatemaltecos en abril del 2015 en contra de la ostentosa corrupción del gobernante de turno, Otto Pérez Molina y, más hiriente aún, de su Vicepresidente Roxana Baldetti.

Le he aplaudido por ese gesto, que también incluye a los demás involucrados en el caso de La Línea, pero de ninguna manera por haber omitido perseguir con igual energía, y por idéntica razón, contra los no menos corruptos Álvaro Colom y Sandra Torres, ¿preferencia suya ideológica? Hoy, además, muy chocantemente instrumentos favoritos suyos y, encima, de ese entremetido embajador norteamericano enviado a estas tierras por Barack Obama, Mr. Todd Robinson. Y todo con el fin de “neutralizar” ilegítimamente a ciertos diputados electos por el pueblo guatemalteco, como, por ejemplo, en el sonado caso de don Fernando Linares Beltranena.

Lamentablemente, desde hace poco más de un año, lo noto a Ud. cada vez más engreído y dogmático, y apelando a medios éticamente muy reprensibles en pos de sus fines, tales como su recurso a testigos falsos, su retorcimiento de las leyes guatemaltecas, hasta de su propia Constitución política, y sus visibles presiones, por cierto nada discretas a diputados, magistrados, jueces y funcionarios públicos en general, de acuerdo a como Ud. se toma la libertad de juzgar sus antecedentes morales respectivos. A esto, don Iván, en cualquier otro escenario del mundo se le calificaría de extorsión.

Además, por su abuso mediático de personajes de la ONU, de la Comisión Europea, y de ciertos políticos norteamericanos y canadienses.

Por lo tanto, don Iván, me resulta evidente que Ud. ya ha empezado a deslizarse por la pendiente de mal a peor en sus actuaciones, lo que en un futuro muy próximo acabará por nublar enteramente lo que de positivo pudiese haber acumulado hasta ahora.

Recuerde que sus dos antecesores fueron aún más nefastos y que por eso nadie lamenta su partida. ¿Acaso ya no le importa terminar catalogado como el tercero de la misma despreciable calaña?

Y a propósito de Robespierre, la vanidad ya lo había matado a antes que la propia guillotina. Fenómeno humano universal. Por eso reitero que a Ud. le acaecerá lo mismo si no se retira a tiempo, que es hoy.

Tampoco resulta algo positivo para los guatemaltecos que su estancia en Guatemala le pueda servir de plataforma para su futuro político de regreso en su natal Colombia.

Y, ¿no habrá oído usted ese justísimo dicho de que vale más el riesgo de dejar a un delincuente en libertad antes que privar de la misma a un inocente? ¿Ni se le inculcó jamás durante sus estudios universitarios esa sabia tesis, ya aludida por mí, de Hans Kelsen y F. A. von Hayek, de que la justicia de cualquier sentencia judicial puede ser discutible pero jamás la injusticia flagrante?

¿Qué ha terminado por fin a creerse, don Iván? ¿Infalible?…

Si sigue por el mismo camino hacia su perdición profesional, del brazo de una no menos mediáticamente inflada Fiscal General –gracias a la colaboración indiscreta de ese mismo torpe embajador norteamericano–, me permito anticiparle que caerá inevitablemente en ese “agujero negro” cósmico de donde no hay escape posible, y que la historia reserva para los tristemente fracasados.

Y por esa su creciente ceguera que se le hace cada vez más enconada, ha dejado de perseguir a los grupos subversivos y violentos del CUC, FRENA, CODECA, CONIC y de tantos otros para cuya supresión precisamente fue inventado ese engendro legal que todos conocemos como CICIG.

Usted ha violado en múltiples ocasiones el Artículo 14 de la Constitución vigente que nos obliga a todos a aceptar la inocencia de cualquier acusado de un delito hasta que su culpabilidad haya sido demostrada según un debido proceso ante un tribunal de justicia competente.

Usted ha menospreciado el honor personal y la integridad moral de oficiales del Ejército de Guatemala, encarcelados por años, sin que jamás hubiese Ud. aportado prueba alguna de su culpabilidad. Esto, don Iván, es un pecado mortal ante el Tribunal Penal Internacional al que pudiera ser llevado un día por
autoridad competente…

Usted ha evitado deliberadamente siquiera rozar la responsabilidad legal por múltiples asesinatos, asaltos, robos, secuestros, violaciones de mujeres menores de edad, usurpaciones y destrucciones de la propiedad ajena y de desaliento a la inversión por esos mismos grupos en la áreas rurales de este país, además de esas calumnias contra Guatemala en otros sitios muy ajenos y remotos a la realidad guatemalteca, como lo son los países escandinavos, los únicos a los que paradójicamente estaba Ud. obligado contractualmente a perseguir.

Es una pena, don Iván, que en lo particular ha perdido un simpatizante en mí, y en muchos otros hombres y mujeres de bien, aunque a usted tal cosa a fin de cuentas en absoluto le importe.

Por eso creo que todavía está a tiempo para retirarse hoy sin el oprobio aplastante de los verdugos al servicio de la tiranía, don Iván.

De lo contrario, el ciclón de la historia que ya se escucha a la distancia, lo atrapará inmisericorde, igual que usted ya lo ha hecho con muchos otros ciudadanos de un país que no es el suyo.

En cuanto a los guatemaltecos, por mi parte sigo aún sin entender esa sobrevaloración habitual entre algunos de ellos a la izquierda del espectro ideológico, de lo ajeno sobre lo propio, que les indujo a pensar que un extranjero como Ud. podría tener un sentido de la justicia más fino al de chapines comprobadamente talentosos y moralmente intachables dispuestos a hacer justicia.

Lo que en su caso podría significarles en un futuro muy cercano que con la creación de la CICIG en vez de haber importado un adalid internacional de la justicia habrán importado un pesquisidor con ínfulas de aprendiz de Dictador.

¡Renuncie, don Iván, antes de que se le acabe  el tiempo oportuno para hacerlo!