Domingo 20 DE Octubre DE 2019
Opinión

Lo que nos dejó abril del 2015

La corrupción no está derrotada a nivel institucional y la impunidad continúa.

Fecha de publicación: 26-04-17
Por: Miguel Ángel Sandoval

Ayer conmemoramos sin mucha bulla es cierto, el segundo aniversario de la extraordinaria movilización que inició el 25 de abril y dejó a todos boquiabiertos. Es la historia. Por suerte aún no hay tiempo para la nostalgia pues lo hecho entonces y lo visto a la fecha nos hablan de un país en movimiento, o al menos bolsones institucionales se mueven a un ritmo y niveles nunca vistos, ni aun luego de la firma de la paz o lo que es lo mismo, en el transcurso de lo andado en el siglo XXI.

Hay contra viento y marea, lucha contra la corrupción y la impunidad. Los casos emblemáticos, más de 20 en la actualidad (La Línea, Cooptación del Estado, IGSS-Pisa, agüita mágica, etcétera), no cesan y todo indica que deben continuar. De igual manera que la depuración de políticos, diputados o jueces y magistrados corruptos. Falta el bullicio en la calle, pero no es menos real que la auditoría social se hace presente por diversas formas, aunque menos bulliciosas que las vuvuzelas.

Pero no hay nada fácil. Los acusados en prisión hacen frente común para defender la impunidad y la corrupción inveterada. Eso explica los ataques al MP y la CICIG así como a jueces honorables. Incluso al cuerpo diplomático, o giras de lobistas a
EE. UU., como si eso sirviera de algo. En otros términos, la corrupción no está derrotada ni siquiera a nivel institucional y la impunidad, su gran aliada, sigue desde el mismo Organismo Judicial. Ni hablar de otros organismos del Estado.

Son temas que abordo en dos libros de mi autoría, publicados uno en 2015 y otro apenas hace unas semanas. El primero que titulé Abril y la revolución moral del siglo XXI y el reciente Recuperar la política o perder el país. En uno con las movilizaciones en curso, hice la apuesta de calificar las jornadas como de revolución moral. Ahora con algunos resultados, hablo de recuperar la política para no perder el país. Creo que el último título comporta un desafío nacional.

Por supuesto que no hay nada resuelto y definitivo. Ni confundo lo táctico con lo estratégico ni la revolución con las pequeñas reformas, pues eso queda para diletantes. Apenas se inicia el camino. Por ello afirmo que no basta gritar que la corrupción es mala, o que los diputados son transas o que el presidente no funciona. O que no hay cambios estructurales y un largo etcétera. Hace falta un serio esfuerzo para forjar la alternativa política que sin muchas vueltas está en la construcción de partidos políticos que sean alternativa en las próximas elecciones para no repetir lo que nos tiene empantanados en la actualidad.