Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Épocas de siembra, tiempos de cosecha

No debe entorpecerla pero su agenda debe ser más amplia y enfocarse en su visión estratégica.

 

— Richard Aitkenhead Castillo
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En Guatemala sabemos bien lo que significa, dada nuestra cultura milenaria que mide con claridad las épocas de siembra y los tiempos de cosecha del maíz. El tema, sin embargo, aplica a todos los aspectos de nuestra vida individual y colectiva. Existió una época en la que sembramos poder absoluto a las fuerzas de seguridad, y cosechamos desapariciones, muertes y violaciones a los derechos humanos. En la era democrática, se sembró un Estado débil, poca supervisión y alta discrecionalidad del sistema político y, por tanto, estamos cosechando despilfarro, corrupción e impunidad. Hoy, se sigue sembrando inacción en materia de reducir la desnutrición y la pobreza extrema, por lo que la cosecha futura será peligrosa y puede tornarse en violenta. La baja inversión en infraestructura, la falta de transparencia y el elevado costo unitario de las carreteras, se traducirá en una cosecha de congestionamiento, pérdida de tiempo y mayores costos para todos los guatemaltecos.

Si la siembra es buena, si se persevera en el proyecto, entonces la cosecha tiende a ser positiva. Una lógica sencilla pero infalible. Por tanto, no podemos claudicar en el esfuerzo por sembrar bien la reforma del sector justicia, donde la siembra debe incluir el debido proceso, la investigación con pruebas efectivas, el debate abierto y transparente, evitar la condena anticipada y, por sobre todo, propiciar la independencia efectiva de los jueces. La justicia no puede ser ideológica, es justicia y punto.

La administración del presidente Morales heredó esta temática. No debe entorpecerla pero su agenda debe ser más amplia y enfocarse en su visión estratégica. El desafío es iniciar una época de siembra, de la buena, de la que pueda traducirse en cosecha de desarrollo y mejor calidad de vida en los años venideros. Esto significa evitar un enfoque exclusivo en la coyuntura, y dedicar esfuerzos al impulso de programas estratégicos.

Esto significa definir no más de tres prioridades estratégicas y utilizar todo el capital político y los apoyos que puedan movilizarse, en alcanzar su lanzamiento. Las prioridades deben ser cambios sustantivos a prácticas pasadas, para lograr obtener resultados diferentes. Deben ser iniciativas con mayor participación ciudadana, con esquemas que promuevan la transparencia y la rendición de cuentas, que no se basen en la fragilidad de la institucionalidad gubernamental sino en la fortaleza de las alianzas. Que se apalanquen en las entidades locales e internacionales con experiencia comprobada para garantizar las capacidades técnicas necesarias. Que promuevan causas comunes entre los guatemaltecos.

Hemos pasado tanto tiempo de nuestra historia confrontados, divididos por sectores o grupos ideológicos, por corrientes internacionales o por colores políticos, que nos cuesta trabajar en coordinación y armonía. Hemos necesitado de grandes catástrofes, como los terremotos o las inundaciones, y de conflictos internos muy prolongados para finalmente, más por cansancio que por convencimiento, salir de las trincheras y unificar esfuerzos. Ahora, es época de esforzarnos en iniciar siembras que puedan, en el futuro, generar tiempos de buenas cosechas y no tan solo, frustraciones y enfrentamientos. El Presidente fue electo para sembrar, no para cosechar.

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