Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Los peligros de la nueva estrategia de Trump

Hoy parece que el presidente de los Estados Unidos está intentando cambiar la estrategia militar de ese país.

— Roberto Blum
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Paradójicamente, el enorme poder destructivo de las bombas nucleares ha impedido su utilización militar después de su uso en Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945. Sin embargo, no es esta la verdadera razón de su inutilidad efectiva como arma, sino la doctrina y estrategia militar plenamente explicitadas por Robert McNamara en los primeros años de la década de los sesenta, que se conoce como MAD o Destrucción Mutua Asegurada.

A partir de 1955, el Gobierno estadounidense mantuvo constantemente en el aire a una tercera parte de sus bombarderos intercontinentales, armados con bombas nucleares, para poder responder masivamente a un primer ataque soviético y con ello causar un enorme daño al agresor. Los avances tecnológicos de ambos contendientes durante la llamada “Guerra Fría” hicieron realmente posible la “destrucción mutua asegurada”, amenaza que afortunadamente mantuvo la paz entre las dos megapotencias mundiales.

La “Guerra Fría” terminó en 1991 con la desintegración de la Unión Soviética y el colapso del sistema comunista. Rusia, la heredera principal de la URSS, mantiene, junto a los Estados Unidos, la enorme capacidad destructiva nuclear, así como el interés por conservar el exitoso balance del terror atómico. Ambas potencias pueden aún destruirse mutuamente y esta horrible perspectiva asegura todavía la paz mundial. Sin embargo, el mundo actual es más complejo y más peligroso de lo que fue durante la última mitad del siglo pasado.

La estrategia MAD es perfectamente racional. Sus padres intelectuales, John von Neumann y Herman Kahn, así como su implementador práctico, el secretario de Defensa McNamara, eran hombres extraordinariamente inteligentes y, según algunos de sus críticos, casi inhumanos por su excesiva racionalidad.

Hoy parece que el presidente de los Estados Unidos está intentando cambiar la estrategia militar de ese país. Sus acciones bélicas en las últimas dos semanas, el bombardeo masivo a una base militar siria, el haber detonado la MOAB –la madre de todas las bombas– en Afganistán y situar un poderoso portaaviones, el Carl Vinson, y su grupo de ataque en aguas cercanas a la República Popular Democrática de Corea, indican una visión estratégica similar a la utilizada en el peligroso juego de adolescentes llamado “Chicken”.

En ese juego, dos pilotos conducen sus vehículos uno hacia el otro a alta velocidad, en una trayectoria de colisión: uno debe desviarse o ambos pueden morir en el accidente; pero si uno se desvía y el otro no, el que se desvió será calificado de “chicken”, lo que significa cobarde. Ahora bien: para intimidar al otro y ganarle, cada uno de ellos debe enviarle señales de que está suficientemente “loco”, embriagado o de que es totalmente irracional para no cuidar su propia vida.

Dadas sus especiales circunstancias, el régimen de Corea del Norte ha desarrollado durante los pasados sesenta y cinco años un estado paranoico, en el que su estrategia racional de supervivencia es amenazar al mundo con que está dispuesto a pelear hasta la muerte. De hecho, la conducta de los dirigentes norcoreanos parece irracional: una verdadera locura. Lo grave es que la mesa ya está puesta para que ambos jugadores, Norcorea y el presidente Trump, jueguen al “Chicken”.

¿Cuál de los dos jugadores cederá en ese rumbo de colisión anunciada? Ojalá que en el Gobierno estadounidense puedan los adultos controlar a su adolescente e inmaduro presidente. De eso dependen millones de vidas.

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