viernes 21 abril 2017
Opinión

Tradición y cambio

Ciclos de vida.

 

— Roberto Moreno Godoy

Esta semana la comunidad de la Universidad del Valle de Guatemala despidió con tristeza a José Daniel Contreras Reinoso y a Gloria Julia Aguilar Pérez, dos de sus bastiones académicos, quienes expiraron con pocas horas de diferencia. Estos profesionales de altos quilates colaboraron por varias décadas en la universidad. Su labor en la Secretaría, en la Facultad de Ciencias Sociales, en el Instituto de Investigaciones y en la Facultad de Educación nos dejó aportes invaluables. Su visión y liderazgo fueron clave para el desarrollo institucional. Además, sus contribuciones en sus respectivos campos de especialidad fueron múltiples. La historia se benefició ampliamente de los estudios de Daniel Contreras, una persona recordada siempre con aprecio por su amplio conocimiento y por su buen talante. Por su lado, Gloria Aguilar fue pionera en programas de formación docente y en temas vinculados a población y medioambiente, habiendo logrado poner el reflector sobre la relevancia de la educación para el progreso del país. La vocación docente de estos ciudadanos distinguidos, su mística de trabajo, integridad, amor por Guatemala y enormes expectativas sobre lo que la UVG podría lograr marcó la cancha de una manera profunda. Aunque ambos se retiraron hace ya varios años, su legado aún se hace sentir en la casa de estudios. Sin duda, hay personas que, como ellos, han permitido generar una cultura de excelencia y de servicio, que inspira a otros a enfrentar los cambios, a dar lo mejor de sí mismos y plantearse metas altas, que les lleve a alcanzar su pleno potencial. Su memoria prevalecerá siempre con nosotros.

Coincidentemente, ayer fue la última clase de un módulo que doy en la maestría en liderazgo y coaching educativos en la UVG. Durante la evolución del módulo recibimos a varios decanos, directores e investigadores. La experiencia permitió a los participantes escuchar a estos líderes exponer de viva voz algunos de sus objetivos, logros y desafíos, habiendo compartido con el grupo parte del esfuerzo que realizan para contribuir al desarrollo nacional y a la solución de problemas del país. Su participación evidenció que la fortaleza de las organizaciones deriva, en gran medida, de la capacidad, liderazgo, responsabilidad y buena voluntad de sus integrantes. El tema focal de la jornada final del módulo fue “tradición y cambio”. Comenzamos yendo a uno de los laboratorios avanzados, en donde el director de las áreas de electrónica y mecatrónica presentó algunos de los innovadores trabajos de graduación que realizan sus estudiantes. Conversamos sobre el diseño y fabricación de un exoesqueleto robótico para apoyar a menores de 12 años a caminar, sobre bioingeniería para el diagnóstico y terapia en enfermedades crónicas de origen neurológico, acerca de nanoelectrónica, sobre el diseño del primer satélite guatemalteco y acerca de una silla de ruedas controlada por medio de señales electromiográficas. Fue una rápida inducción al mundo de la robótica y de la modernidad. También nos acompañaron en dicha visita otros tres jóvenes y talentosos profesionales, quienes se encargan en la UVG de asuntos de admisiones, innovación y tecnologías para el aprendizaje y de egresados. Su edad promedio no alcanza 35 años. Luego de una intensa media hora de contacto con estas “estrellas en ascenso” volvimos al salón de clase. Ahí nos esperaban cuatro de los colaboradores más antiguos de la entidad, personas que han dedicado los mejores años de su vida a la universidad. La vinculación de cada uno a la UVG supera con creces los 35 años. El conserje con más años de servicio, la directora de ayudas financieras, una de las asistentes de rectoría y la directora administrativa explicaron con gran orgullo e identificación qué significa para ellos ser parte de la comunidad. Este encuentro con algunos de los colaboradores más nuevos, así como con algunos de los más veteranos, fue una forma de resaltar que las personas son nuestro principal capital. Por ello, se requiere un esfuerzo permanente para atraer, cultivar, motivar, desarrollar y retener al mejor talento. Asimismo, el ejercicio ilustró una dicotomía que todas las instituciones deben manejar. La tradición y la estabilidad dan la necesaria estructura y firmeza al terreno, mientras que la renovación y el cambio nos permiten avanzar y crecer. La vida nos enseña a asimilar la partida de miembros queridos del equipo y nos prepara para acoger a quienes habrán de traer perspectivas frescas y asumir los nuevos espacios. La clave de la sostenibilidad radica en guardar un equilibrio justo, que construya sobre lo actuado, pero que no nos inmovilice, de forma tal que logremos seguir teniendo impacto, incursionar en nuevas aguas o despegar cuando sea el momento.