Martes 17 DE Octubre DE 2017
Opinión

El precio de las medicinas

Factor inequitativo decide la vida o la muerte de las personas.

 

— Méndez Vides
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Guatemala es un país de contrastes inmensos y extravagantes, donde en verano se incendian tanto mansiones como champas a la orilla de barrancos, y en temporada lluviosa llega el lodo. País de volcanes y cordilleras, lagos y ríos que de lejos son bellos, pero de cerca tienen las huellas de los terremotos y las uñas sucias del progreso. Un país atrasado y moderno, lleno de desocupados y sumamente activo, si observamos el movimiento por Chimaltenango. La carretera pasa invadida de camiones cargados, y son filas interminables de automóviles haciendo cola para atravesar lentamente un pequeño tramo. Los laterales son una vitrina de carros de lujo de segundo hervor, en sustitución de la teja y ladrillo del pasado, y hay ferreterías por montones, gasolineras y ventas de productos plásticos y aceite, amén de la podredumbre de las muñecas tristes. Somos un país pequeño, donde se vive simultáneamente el presente y el pasado, y donde un factor inequitativo decide la vida o la muerte de las personas, las medicinas. En Guatemala mantenerse vivos es un lujo.

¿Por qué son tan caras las medicinas en Guatemala? Esa podría ser la meta a seguir por quien se postule para Procurador de los Derechos Humanos, porque no es comprensible que en una economía tan diversa no se proceda como en otros países del mundo. Hay que empezar por asegurar la accesibilidad de lo que nos salva, porque es terrorífico para la mayoría de ciudadanos alejados del mundanal progreso, saber que aquí las drogas prohibidas para embriagarse después de un día atribulado son más baratas que una cerveza, mientras que las otras, las drogas permitidas, las buenas, son tan caras que simplemente se hacen imposibles para el bolsillo. Lo ilegal es barato, lo legal es caro.

Hay medicinas en Guatemala para tratamientos por deficiencias comunes, como la presión, trastornos digestivos u otros, que deben consumirse regularmente, pero cuestan la tercera parte del salario mínimo. ¿Cómo va a darse tal lujo un individuo con un solo ingreso y una familia numerosa? El Estado no ayuda, y hasta cuando los hospitales proveen las medicinas, las pagamos con nuestros impuestos a precio descabellado, porque aquí tampoco funciona la ley de más barato para quien más compra, sino es a la inversa.

El precio de la medicina es uno de los motivadores de la delincuencia, porque los enfermos saben que podrían salvar la vida, pero no pueden. Una medicina que en Guatemala cuesta 800 quetzales, por ejemplo, puede costar en España el equivalente a 40 quetzales, pero solo lo descubren quienes viajan, entran a una farmacia y se sorprenden. Quienes sí pueden pagar el sobreprecio, son los que resultan disfrutando del beneficio. En México esa misma medicina podría costar 400 quetzales, lo que todavía es alto, pero ya no tanto como en nuestro país, donde reina la magia. No tiene sentido. Si queremos paz, empecemos por democratizar las medicinas.