Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

¿Cómo conectamos a nuestro país?

Hace mucho tiempo fuimos pioneros en infraestructura. Los Mayas construyeron grandes y elevadas calzadas que conectaban a sus ciudades y cuya capacidad excedía las necesidades de tránsito. Sin embargo, si salieron de paseo esta Semana Santa, transitaron por “las modernas” carreteras de nuestro país y fueron testigos del mal estado y congestionamiento en que la mayoría de ellas se encuentran. Seguramente algunos terminaron con una llanta dañada o quizás se demoraron más de lo previsto. Pero las consecuencias de una carretera en mal estado van más allá del deterioro de nuestro vehículo o el cambio de planes en nuestro itinerario de vacaciones. Vivir en un país con infraestructura deficiente deja secuelas muy graves que nos afectan a todos.

— Salvador Paiz
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La infraestructura del país no ha mantenido el ritmo de crecimiento que ha tenido la población. Ciertos polos de desarrollo han colapsado por el incremento del tráfico. El viajero de tránsito se entremezcla y compite con el tráfico local colapsado. Recuerdo aquellas épocas en que viajar de la capital a Río Dulce o Quetzaltenango, podría tomar alrededor de tres horas. Hoy estos viajes, con frecuencia, nos toman el doble de tiempo. En el informe original de Mejoremos Guate se identificaba la falta de infraestructura como una limitante para el desarrollo de nuestro país. Fundesa estimó que el 44.49 por ciento de la diferencia entre nuestro ritmo de crecimiento actual contra nuestro crecimiento potencial, lo explica la carencia de infraestructura. Ello frena la capacidad de progreso de toda la nación, ya que es un elemento clave para el desarrollo social y económico. Lamentablemente, como muchos de ustedes han visto, en Guatemala aún no contamos con una infraestructura adecuada que, más allá de permitirnos llegar a la playa sin novedad, nos permita salir del círculo vicioso de la pobreza. Y, ¿cómo cambiamos esta situación? Con inversión en infraestructura estratégica.

Según estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la inversión en infraestructura en países de la región, debería ascender al 6.2 por ciento del PIB anual de cada país entre 2012 y 2020 (US$320 millones). No obstante, todos nuestros vecinos, y nosotros también, estamos muy lejos de alcanzar la cifra recomendada. El promedio de inversión en infraestructura de la región es de 2.7 por ciento, y Guatemala ni siquiera llega a ese número. Los datos oficiales de CEPAL muestran que en 2012, el dinero público y privado sumado destinado a infraestructura en nuestro país, representó tan solo 1.55 por ciento del PIB; muy lejos de países como México (3.32 por ciento), Costa Rica, (5.47 por ciento), Nicaragua (4.93 por ciento) y El Salvador (2.30 por ciento).

Se preguntarán, ¿por qué es tan buena la inversión en infraestructura estratégica? Muy sencillo: es vital para salir adelante. Conlleva beneficios en aspectos como la reducción de precios de los alimentos gracias a la conectividad, incremento de consumo interno debido a la urbanización, mejoras para el sector del turismo por la accesibilidad a distintos sitios turísticos, el aumento de la productividad, entre otros. Por ejemplo, con buena infraestructura, un pequeño agricultor podría vender sus productos en un mercado mucho más amplio porque los puede transportar sin que se echen a perder. Otro ejemplo, gracias a la conectividad vial y el fácil acceso a lugares remotos en el interior del país, cualquier emergencia médica podría llegar al hospital más cercano. Esto, a largo plazo, mejoraría indicadores como la tasa de mortalidad materno-infantil, el acceso a vacunas, entre otros.

No hay nada que tenga el mismo potencial para generar empleo, para reducir los costos de atención médica, acceso a educación para las poblaciones más alejadas, para reducir la migración ilegal, etcétera. Sin embargo, durante los últimos 20 años, hemos desperdiciado esta oportunidad. Hoy estamos “alejando” al interior del país y sometiendo a la población rural a costos cada vez más elevados. En Guatemala debemos implementar mecanismos “fuera del cajón” que nos permitan realizar estas inversiones (i) con sentido de urgencia, (ii) con los debidos controles anticorrupción, y (iii) siguiendo un plan priorizado según el impacto de la inversión de cada proyecto. Es de aplaudir que el gobierno ya anunció el “Plan de Recuperación Vial”, que contempla la reparación de 20 mil kilómetros de carretera. Quedará en nuestras manos vigilar y fiscalizar este plan.

Debemos continuar el papel fiscalizador que ejercemos desde la ciudadanía. Sin embargo, esto es insuficiente para garantizar el salto cuántico en cantidad y calidad de inversión en infraestructura que tanto requiere nuestro país. Es momento de hacernos algunas preguntas difíciles, tales como: ¿estamos dispuestos a pagar un nuevo tributo específico estimado a fomentar la inversión en infraestructura? Además, es importante que tengamos la apertura de mente para que los proyectos de infraestructura se lleven a cabo desde la inversión privada, como el desarrollo de carreteras de peaje. Es mejor tener una carretera con peaje y buenas condiciones, que no tener siquiera un camino por donde transitar. Nuestros antepasados tenían muy claro la importancia de la infraestructura para conectar las distintas ciudades de nuestro país. Es momento de retomar las lecciones de la sabiduría de nuestros antepasados y volver a conectar hasta el rincón más recóndito de nuestra Guatemala.

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