Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Así fueron las vísperas

El presidente se aferra a su limbo político.

 

— Edgar Gutiérrez
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El reportaje de E. García y C. Espina (“¿Cómo se convirtió Claus Marvin Mérida en embajador ad honórem del Gobierno de Morales?”, elPeriódico, 19/04/17 p. 4-5) ofrece la información suficiente para deducir que el nombramiento del ahora célebre “Embajador” fue parte de los acuerdos de transición entre el entonces presidente electo Jimmy Morales y el gobernante Alejandro Maldonado. Claus Mérida no fue el único caso, aunque pasó desapercibido.

En cambio, el nombramiento de transición, a fines de noviembre de 2015, que encendió todas las alarmas fue el de Platero Trabanino, un controversial exagente de inteligencia militar que luego trabajó en aduanas y ahora está muy activo con las redes sociales de algunos de los 32 grupos radicales conservadores que, a tiempo completo, se ejercitan como francotiradores mediáticos en contra de quienes siguen considerando sus “enemigos” vigentes de la guerra fría. Platero fue nombrado subdirector de la Dirección General de Inteligencia Civil (Digici), pero el escándalo público obligó a Maldonado a anular su nombramiento al subsiguiente día que asumió funciones.

Platero y Mérida fueron las dos primeras señales del perfil de colaboradores de Jimmy Morales en el Gobierno, aunque tardaría más tiempo de lo usual en decantar a su Gabinete. En el caso de Platero, tenía sentido colocar anticipadamente a alguien de la entera confianza de la llamada Juntita Militar del binomio Morales/Cabrera en labores de inteligencia. La Digici proporcionaba la inteligencia política a Otto Pérez, que era quizá tan o más relevante para el exmandatario que la inteligencia contra el crimen organizado, la verdadera función de esa Dirección del Ministerio de Gobernación.

En el caso de Mérida, su nombramiento fue una cortesía para un cercano colaborador de campaña de Jimmy Morales en las comunidades de migrantes, que requería pasaporte diplomático a fin de desplazarse con facilidades, dada su calidad migratoria irregular en los EE. UU. Ya en funciones de comisionado Presidencial para asuntos de los migrantes, Mérida operó más como activista y empujó varias iniciativas, aunque, a juzgar por el reportaje de García y Espina, era controversial entre los líderes de los migrantes. Pero hasta ahí no pasaba de ser un asunto doméstico, sin daños a terceros (y sin luces de estrategia para el Presidente en un tema tan vital para Guatemala, dado el clima hostil que se ha instalado en el país receptor).

En algún momento al comisionado Mérida se le ocurrió jugar en otras ligas, sumándose al peregrinaje –hasta ahora solo privado y político, entendido como “irresponsabilidad de opiniones”, una prerrogativa constitucional de los diputados por la manera de tratar los asuntos públicos– de ataques contra el embajador Todd Robinson. Desconocedor de los códigos diplomáticos, el asesor Mérida (mal asesorado) despertó una irritación innecesaria en el Capitolio, cuyo enorme costo político lo pagará su amigo y jefe, Jimmy Morales. Un país serio no pregunta en nombre de quién actúa un Embajador en misión especial del Presidente. Simplemente asume que es portavoz oficial, pues sus propios representantes jamás operan a título personal, sin atenerse a gravísimas consecuencias. La Cancillería salió de inmediato al paso deslindándose, mientras el presidente Morales se aferra a su limbo político.

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