Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Primavera chapina

Así que dos años después del inicio de lo que podría denominarse la primavera chapina, los retos son enormes para consolidar avances y dar pasos significativos hacia un cambio irreversible.

 

— Erick Coyoy / FEDES
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Primavera árabe se le llamó al conjunto de manifestaciones populares en distintos países de esa región del mundo, ocurridas entre 2010 y 2013, en un justificado reclamo a favor de la democracia y los derechos sociales. El comienzo de estas manifestaciones ocurrió en diciembre de 2010 en Túnez, cuando un vendedor ambulante fue despojado de sus mercancías por la Policía y se inmoló en protesta al haber perdido su única fuente de ingresos.

En Guatemala se cumplieron en estos días dos años del inicio del fin del desgobierno del partido naranja (que de patriota no tuvo nada), a raíz del involucramiento de sus más altos directivos en redes de corrupción cuyas consecuencias al día de hoy se siguen padeciendo por toda la población, ya sea por el colapso de la red vial o de los servicios de salud y educación. Además, el desmantelamiento de las redes criminales no ha alcanzado al sistema de justicia, por lo cual los procesos judiciales en contra de los corruptos en prisión no avanzan al ritmo que se espera.

Los avances en contra de los gobiernos dictatoriales y corruptos indudablemente son cuesta arriba en todo el mundo. En marzo 2016, cinco años después del inicio de la denominada primavera, el diario español El Mundo reportó que “solo uno de los seis países de la primavera árabe es democrático”. Es decir que el esfuerzo no fructificó como se esperaba y más bien pudo haber retrocesos, o retornos a los mismos esquemas de siempre con rostros diferentes.

Es precisamente lo que se necesita ahora en Guatemala, tal y como reiteradamente y casi en solitario lo han expresado el comisionado de la CICIG y la fiscal general del MP. Consolidar los avances y dar pasos adicionales hacia adelante para asegurar que no haya retrocesos. Lamentablemente no es el caso de lo que ha ocurrido hasta el momento. La inocua reforma al sistema electoral y de partidos políticos aprobada el año pasado, ha dejado prácticamente intocable el sistema de vehículos electorales que hizo posible a candidatos como Baldizón y a la figura presidencial de las moralejas. Y todos los partidos representados en el Congreso tienen plena coincidencia de intereses como para asegurar que no haya avances reales, por lo que de este tema ya no se habla.

Y lo mismo ocurre con la reforma constitucional para el fortalecimiento del sector justicia. Los opositores a los cambios a la situación actual se han inventado y seguirán inventando cualquier clase de pretextos para rechazar una reforma que implique recortar sus privilegios e influencias en la toma de decisiones. Y nuevamente todos los partidos presentes en el Congreso convergen en maniobras y discursos aparentemente divergentes para obstaculizar los avances.

Así que dos años después del inicio de lo que podría denominarse la primavera chapina, los retos son enormes para consolidar avances y dar pasos significativos hacia un cambio irreversible. Las dos reformas cruciales resultan ser la del sistema electoral y de partidos, y la del sector justicia. Si se llega a nuevas elecciones generales y de magistrados de justicia con las reglas actuales, los resultados serán los mismos de siempre, y las mafias incrustadas en los puestos de toma de decisión, y sus patrocinadores que se benefician de esos esquemas corruptos, seguirán disfrutando de las mieles del poder como ha sido hasta ahora.

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