Domingo 26 DE Mayo DE 2019
Opinión

Momentos para no echar en saco roto

Un aporte significativo e irreversible es haber evidenciado que los juegos del poder no son ilimitados y tampoco son detentados por actores intocables.

 

Fecha de publicación: 18-04-17

Recién se cumplen dos años de la presentación pública del caso La Línea. Para unos, un despertar agrio pero necesario para una sociedad donde la corrupción y sus variadas prácticas han sido normalizadas de tiempo atrás. Un expediente que ha marcado estos últimos 24 meses, cimbró los cimientos descompuestos de una institucionalidad que ha servido para acomodar la impunidad como práctica cotidiana, voraz y en su momento impenetrable. Un caso que le costó su puesto al binomio presidencial de la época y que además tiene en la cárcel a todo un desfile de funcionarios y operadores de diverso niveles.

La Línea ha marcado pautas, tanto para los casos que aparecieron posteriormente, como para poner en evidencia las modalidades de las estructuras que pululan, tanto en el sector público como privado, para un propósito central: tomar por asalto el Estado, sus instituciones y recursos. He ahí su notable impacto, poner al desnudo la vigencia de una de las “opciones” del modelo patrimonialista que ha dominado la escena nacional desde el propio origen del Estado guatemalteco y aún antes, desde que se nos impregnó de varios sellos que han condicionado nuestro devenir, hasta nuestros días.

El caso “La Línea” bien podría llamarse el destape, porque implicó poner al desnudo estructuras, personajes y formas de actuación nunca antes evidenciadas públicamente. Además, evidenció el protagonismo que ha tenido el Ministerio Público como órgano investigador serio, objetivo y profesional; paso efectivo logrado por el apoyo proporcionado por la CICIG. Un aporte significativo e irreversible es haber evidenciado que los juegos del poder no son ilimitados y tampoco son detentados por actores intocables, quienes aún se revuelcan haciendo todo tipo de intentos por detener los procesos legales.

Quizás el aporte más importante logrado desde abril de 2015, donde “La Línea” fue el primer ladrillo del nuevo muro social que comienza a levantarse, está en instalar un conjunto de rasgos que deben contraponerse a prácticas recurrentes o atavismos, como los señalados por el comisionado Iván Velásquez en un reciente tweet (conformismo, resignación, silencio, desesperanza, pesimismo, desánimo y temor). Esos componentes aún no están totalmente desactivados, pero al menos ha logrado construirse un bloque contrario constituido por la resistencia ciudadana, la intolerancia, la impaciencia, el poder de las palabras, avivar nuevas esperanzas, aportar para animar social y políticamente a una sociedad antes inerte, impávida que no se inmutaba casi por nada. Hoy nos preocupamos más por lo que sucede en las instituciones, estamos más dispuestos a cuestionar y censurar los errores, imposiciones e inacciones de los gobiernos y sus funcionarios. La corrupción ha dejado de ser parte del paisaje, hoy es disfuncional y ojalá a futuro desechada.

No pasar por alto lo sucedido y menos el legado, es un primer paso para afianzar el camino recorrido que por supuesto es largo, cuesta arriba y no ajeno a riesgos, momentos de desilusión, estancamientos e incluso, retrocesos. Reconocer el acumulado de momentos que han contribuido a fracturar o erosionar las estructuras que no han permitido respirar y vivir a plenitud, representa un paso que no podemos olvidar.

Twitter: @RosalRenzo