Sábado 18 DE Noviembre DE 2017
Opinión

¡No perdamos la esperanza!

Los extremismos están al acecho .

 

— MARIO FUENTES DESTARAC
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En la mitología griega, Pandora, la primera mujer, abrió, por curiosidad, un ánfora o tinaja (conocida como Caja de Pandora) que había recibido con el encargo de no abrirla jamás. Al destaparla, dice el relato mitológico, escaparon de su interior todos los males del mundo. Afortunadamente, expresa el mito, Pandora cerró el recipiente antes de que se perdiera el espíritu de la esperanza, que era lo último que quedaba dentro de él.

De ahí que, según la referida leyenda, la humanidad conservó la esperanza, que se traduce en la confianza o expectativa de que todo saldrá bien, de que los esfuerzos humanos se convertirán en logros y de que los seres humanos saldrán adelante a pesar de todos los obstáculos y males que los aquejan o atormentan.

La esperanza, para los creyentes en un ser supremo, es la confianza en que Dios proveerá y no abandonará a sus hijos en medio de la tribulación. Para los cristianos es la virtud que confiere a la persona la aptitud para tener confianza y plena certeza de conseguir la vida eterna y los medios, tanto sobrenaturales como naturales, necesarios para llegar a ella con la ayuda de Dios.

La desesperanza o desesperación es, por el contrario, la falta total o absoluta de esperanza, la pérdida de confianza o expectativa de que después de la tormenta viene la calma o de que siempre vendrán tiempos mejores.

En estos momentos de desconcierto, irracionalidad, barbarie e impunidad que estamos viviendo en Guatemala, he advertido, no sin preocupación, que mucha gente está desanimada, turbada y temerosa de cara al porvenir, lo que se traduce en parálisis e insatisfacción. Para colmo, los extremistas ideológico políticos, derechistas e izquierdistas, ambos con vocación populista totalitaria, específicamente las franquicias neofascista y chavista, se están reposicionando en la escena nacional, con virulencia y haciendo gala de odio, intolerancia, confrontación, azuzamiento de las turbas clientelares y propensión al linchamiento.

Empero, lo más inquietante es que muchos jóvenes están perdiendo la ilusión, el entusiasmo, la energía y la actitud emprendedora. La desesperanza y el pesimismo se han venido apoderando de los espíritus juveniles. Tanto es así que un alto porcentaje de estudiantes universitarios, según recientes sondeos de opinión, si tuvieran la oportunidad se irían de Guatemala, porque el futuro no les es promisorio o, simplemente, porque no les gusta su país. Lo anterior sin perjuicio de la indetenible fuga de cerebros, debido, principalmente, a la falta de incentivos y de condiciones propicias para el desarrollo personal y profesional.

No obstante, en estos momentos de incertidumbre, confusión y caos es cuando menos debemos desmayar o claudicar. La opresión y el despotismo llegan cuando todos están aturdidos o se sienten descorazonados o frustrados. ¡Cuidado! El infierno se ofrece en la mentalidad conformista del “todos jodidos, todos contentos”.

Hay que echar mano del espíritu de la esperanza. Comencemos por asumir la responsabilidad de nuestra propia vida y por convencernos de que solo nosotros, a través de la autonomía personal, del espíritu de lucha, del esfuerzo individual, de la decencia, de la cohesión y de la renovación, podremos recuperar el optimismo, la confianza en nosotros mismos y seguir adelante. En ese contexto, no olvidemos jamás que, por sobre todas las cosas, debemos proteger y defender la democracia republicana de las embestidas de sus enemigos, a costa de cualquier sacrificio.

No perdamos la esperanza y confiemos en que Dios está con nosotros.