Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La corrupción de las organizaciones “de izquierda”

Los sindicatos del Estado no están allí para destruir la función pública.

— Carol Zardetto
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Muchas organizaciones navegan bajo la bandera de la defensa de intereses colectivos, se asumen como piedras angulares del movimiento social, amigos del pueblo. Y sin embargo solamente son una cosa: corruptos. La organización sindical ha jugado históricamente un papel crucial dentro del esquema capitalista. Defender los derechos de los trabajadores frente al poder económico no es poca cosa. De hecho, contribuye al necesario equilibrio de fuerzas y, con ello, a la paz social.

Frente a los tremendos desafíos de un capitalismo cada vez más rapaz, la presencia de organizaciones fuertes, consolidadas, que ofrezcan un frente poderoso al gran capital, resulta casi una fórmula de sobrevivencia colectiva. Pero ojo, no pueden ser ni fuertes, ni sólidas, ni defendibles si se trata de organizaciones corruptas.

Por estos días, el pulso entre la Ministra de Salud y esa sospechosa dupla Congreso-sindicato de salubristas, provocó discusiones acerca de la legitimidad de esta organización. Los sindicatos del Estado manejan una compleja y ambigua situación, pues resulta legítimo defender los derechos de los trabajadores pero, con frecuencia, esta defensa deriva en el perjuicio del bienestar de toda la población. Poner por encima del interés de todos los guatemaltecos, los privilegios exagerados para los trabajadores de una dependencia del Estado es, necesariamente, inconstitucional. La función pública tiene atada la obligatoriedad de enfocarse en el interés colectivo. Y bajo esta premisa, ninguna dependencia del Estado puede dar preeminencia a los trabajadores si con ello pone en riesgo su capacidad de cumplir con sus funciones y de prestar los servicios fundamentales que son su razón de existir.

No podemos perder de vista que algunos pactos colectivos se han celebrado teniendo como fundamento el clientelismo político. A cambio de prebendas ridículas y leoninas, los sindicatos le aseguran a regímenes corruptos una fuerza de choque para blindar sus abusos. Y bajo este esquema de corrupción estructural, el sindicato deja de ser una organización de interés colectivo para convertirse en un ente espurio.

Lo que las fuerzas políticas y sociales de izquierda deberían hacer con este tipo de sindicatos es distanciarse de ellos. Sus acciones abren la puerta para la deslegitimación del movimiento sindical. Dan razones al poder económico para criticarlos, disminuirlos y nulificar su capacidad de equilibrar la balanza. Porque la pérdida de legitimidad ante los ojos de la población no es un factor de consolidación precisamente. Por estas razones, no me parece que sea una buena estrategia de la izquierda defender corruptos: ni gobiernos, ni organizaciones, ni personas. La corrupción es condenable tanto si es de izquierda como si es de derecha.

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