Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Dominación y resistencias

Los objetivos de la política exterior del gigante del norte responden a un acuerdo bipartidista sólido, expreso y visible.

— Renzo Lautaro Rosal
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Durante las últimas semanas se ha incrementado la incidencia del gobierno de Estados Unidos, en términos no solo de hacer más evidente su carácter dominante en el Triángulo Norte, sino de insistir que las condiciones político-institucionales aún no son sostenibles, ni son las deseables con el propósito de la estabilización y por lo tanto, hace mucho por hacer. Las piezas del rompecabezas siguen sin pegar, y lo que es peor, proliferan los necios, los que se oponen a la única ruta posible para ser una subregión confiable que permita cumplir las finalidades que la potencia hegemónica requiere de nosotros.

Visitas van y vienen. Desde la administración pasada, son recurrentes los constantes recordatorios; pero los mensajes entran por un lado y salen por el otro. Los funcionarios de las últimas tres administraciones reciben, atienden y salen públicamente haciéndose los obedientes, pero sus acciones distan de ello. Al solo despegar los aviones oficiales, salen a luz las acciones contradictorias, los relativismos, las oposiciones, los minimalismos y las prácticas hostiles a los cambios. En paralelo, los absurdos discursos de las injerencias, el apego a una soberanía inexistente, los falsos patriotismos y los discursos que todo lo podemos los guatemaltecos. Nada más alejado de la realidad; muestras evidentes que seguimos sin entender los signos de los tiempos.

Los objetivos de la política exterior del gigante del norte responden a un acuerdo bipartidista sólido, expreso y visible. Así que a pasar la página que la nueva administración sería una oportunidad para detener los embates. Entre más visitas y mensajes se hagan a Washington, la reacción será no solo contraria sino más focalizada. Debemos entender que llegó el momento de la capitulación del modelo finquero, precapitalista, repleto de oscuridades y marcadamente impune. De la misma forma, corresponde asumir que sobrevivimos por una gran dosis de oxígeno que proviene del exterior a la burbuja doméstica en la seguimos estando. Entonces, tenemos dos chances: aflojamos las resistencias y enfrentamos el momento, o bien, nos seguimos haciendo los duros, dejamos que los necios y resistentes sean protagónicos y nos declaran inviables a la vuelta de la esquina. No hay otras opciones.

El mar se divide en dos partes, y no más. El escenario está cargado de pragmatismo, no por gusto esa corriente filosófica nació en Estados Unidos. Como país no somos útiles, solo tenemos sentido temporal como subregión. De momento, las medidas asumidas son propias del softpower. Si no hacemos caso, se pasaría a una nueva grada, las medidas de tinte hard. América Latina está llena de disfuncionalidades, pero de ellas hay diferencias por la dimensión, la recurrencia de los problemas y el sentido geoestratégico que represente cada porción. En la actualidad, probablemente Venezuela y nuestra región somos las mayores piedras en el zapato.

Las resistencias a los sistemas de dominación, sean manifiestas, implícitas, inmediatas o diferidas, tienen sentido cuando existe una dosis clara de legitimidad y se asocien a avances y visiones de desarrollo. Cuando los actores nacionales evidencian ausencias notables de ese ingrediente, pues no tienen sentido. Esa es la diferencia básica de las contrariedades que acarrea la coyuntura para los retrógrados.

Twitter: @RosalRenzo

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