Jueves 30 Marzo 2017
Opinión

El mítico campesino

Proveedor alimentario. Cuidador de fauna. Valles, montes y barrancos.

 

— Helmer Velásquez

Leer la semana anterior, el artículo de Tomas Rosada en Plaza Pública, y cuyo título asumo para esta nota, me generó el entusiasmo del náufrago al avistar la costa. Por lo menos como yo imagino aquello: Inhalar profundo y clavar la mirada en las aves marineras, como confirmando que no todo está perdido. Que hay esperanza. Que el campo y los campesinos. No han desaparecido de la esfera de los intelectuales. Más allá de los necios. Que la vida campesina y sus razones históricas. Siguen intactas; son la piedra fundamental de la civilización. Simple, sin agricultura y sin campesinos, la producción de alimentos continuará concentrándose en los oligopolios, que pujan por controlar tierra y semilla. Rosada cita en su artículo dos preguntas lapidarias –que tomo de otro autor: “por qué todavía hay campesinos en el mundo y por qué son pobres”. Cuestionamiento, sencillo, hasta parece ingenuo. Sin embargo, emplaza a la humanidad misma.

Esa humanidad que en la ONU, acordó los Objetivos de Desarrollo sostenible. Entre otros: “Poner fin al hambre…y promover la agricultura sostenible” una clara alusión al rol cardinal de la agricultura y un cierre de compuertas –declarativo– a la expulsión de los campesinos hacia los guetos urbanos. Para lograr aquello, propone La ONU –meta dos– “de aquí a 2030, duplicar la productividad agrícola y los ingresos de los productores de alimentos en pequeña escala… mujeres, pueblos indígenas, agricultores familiares, ganaderos, pescadores, entre otras cosas mediante un acceso seguro y equitativo a las tierras, otros recursos, insumos de producción, conocimientos, servicios financieros, y mercados”. Es decir, lo contrario, a lo que hace la Guatemala burocrática y oligopólica. Acá estamos en la apuesta por las “grandes urbanizaciones”. Si las del Katún 32. Soñando con trenes de interconexión, puertos de gran calado, aeropuertos; todo absolutamente todo, construido con créditos –pagados por los pobres. Y concesionado posteriormente a la monopólica empresa privada de este país. Adjudicándole –a título gratuito– administración y plusvalía. Se trata de abandonar –aún más– el “campo campesino”. No importa la pobreza y el hambre que esa acción genera en el campo.

La más importante propuesta del Ministro de Agricultura hoy, es: donar doscientos quetzales anuales por familia campesina. Beneficiando agroimportadores. Así, con estas “políticas” las preguntas que cita Rosada. Pueden transformarse en profecía: Campesinos sempiternamente pobres. Avasallados por la avaricia. Aquella enfermedad del alma humana, que le arrebata sus valores más profundos: tierra y libertad. Nuestra sociedad, debe revertir esta tendencia. El Movimiento Campesino hace su parte.