Sábado 20 DE Abril DE 2019
Opinión

Esto es lo que debe hacerse y este es el camino

También se puede intentar –ya se hizo– tomar el poder por la fuerza, considerar que un asesinato carece de importancia, la antesala de todos los demás; exponer a la población –a mitad del fuego– sustituir a “los malos” por “los buenos”, sempiterna cantaleta ¿Quién califica? chapucear la Constitución, como se intenta y otras temerarias y/o perversas necedades.

 

— Acisclo Valladares Molina

No es sino con muchísima pena que percibo que no se entiende –o que no se quiere comprender – lo de los distritos electorales pequeños, sistema que permite que todo ciudadano pueda ser candidato a diputado sin necesidad de que un partido le inscriba (acaba con el monopolio de los partidos políticos); que pueda el candidato a diputado realizar su campaña sin necesidad de sumas millonarias (fácil el acceso al elector); que muchísimos indígenas lleguen al Congreso –ganadores en muchísimos distritos– y que llegue, también, la representación de los migrantes –ganador su candidato en el distrito extra nacional– que corresponda; que conozca el elector quién es su diputado (solo un diputado en cada distrito) y que sepa el diputado cuáles son los intereses, los principios y los valores de quienes le eligen y que debe representar en el Congreso, existiendo sobre el diputado, cada dos años, el juicio severo de su posible reelección –si bien lo hizo– o de que, en caso contrario, se le eche del Congreso.

 Este es el camino y esto lo que debe hacerse puesto que el pueblo –establecido el sistema de distritos pequeños– se sentirá –y estará– instalado en el Congreso, el poder político en sus manos: la definición del presupuesto (los ingresos y los gastos del Estado), la fiscalización política de todas las instituciones que lo integran, la emisión de las leyes que nos rigen, el nombramiento de altos cargos importantes.

Convocar a una Asamblea Nacional Constituyente nos conduciría exactamente a más de lo mismo puesto que, si no se hace previamente la reforma de los distritos pequeños, tan solo los partidos políticos podrían postular los candidatos a integrarla.

“Depurar”, sustituyendo a “los malos” por “los buenos” no conduce absolutamente a nada puesto que no existen los buenos y los malos como especie, sino instituciones que garantizan y que obligan al buen hacer en los asuntos del Estado: En arca abierta ¿No lo hemos comprendido? hasta el justo peca.

Insolente me parece que se califique de alienados o alineados –no sé qué quiso decir la columnista– a las autoridades indígenas que se inclinan por una reformulación del Estado nacional puesto que nos guste –o no nos guste– nuestra composición es pluriétnica y no caben exclusiones: Ladinos e indígenas, garífunas, xincas y cuanto ciudadano exista en Guatemala, integran el Estado nacional, ni maya, ni xinca, ni garífuna, ni criollo, patria que debe ser de todos y no solo de uno pocos (por muchos que fuesen).

Construir ese Estado Nacional es lo que permitiría el sistema electoral de los distritos pequeños, sabiendo usted quién es su diputado –sabiéndolo todo ciudadano– y siendo muy corto su mandato, a las puertas siempre de la siguiente elección: Si lo hizo bien, se queda y, si no, se le saca.

La CICIG, el Ministerio Público a la cola –no tengo porqué poner en duda sus buenas intenciones– se ha propuesto un chapuz sumamente desafortunado sobre el sector justicia sin comprender que antes que nada debe lograrse que el pueblo se sienta –y se encuentre– instalado en el Congreso –tema por otra parte– el político –que le debe ser ajeno puesto que no es lo político lo suyo y una reforma constitucional constituye el tema político por excelencia.

¿Tiene la creencia política que en la reforma que propone al sector justicia –por demás mediocre– se encuentra la clave la construcción de una Guatemala distinta?

Pues, con todo respeto, se equivoca: La clave se encuentra en el Congreso y solamente una vez, el pueblo en el Congreso, podrá abordarse lo restante.

La propuesta de que se reconcentre la población indígena en lo suyo –ajena a la vida nacional– encerrada en sus autonomías, usos y costumbres –enconchada en sí misma– no constituye solución alguna.

Lo que debemos hacer es esto y este es el camino: Que el Congreso de la República apruebe la reforma del Artículo 157 –uno solo– introduciendo el sistema de distritos pequeños y que el pueblo con pleno conocimiento de causa –bien discutido– y con la más profunda alegría, mediante consulta popular, pueda asumirlo.

Todos, ladinos e indígenas, residentes en Guatemala o migrantes, nos sentiremos –y estaremos– representados en el Congreso y sentiremos la voz del Congreso como nuestra voz y será nuestra voz, la del Congreso.

Espero que los 48 cantones de Totonicapán, así como otras respetables organizaciones indígenas y en fin, toda la población maya, ladina, garífuna y xinca –todos– comprendamos qué es lo que debemos hacer y cuál es el camino: La reforma constitucional de un único artículo –la reforma de los distritos pequeños.

El pueblo con la percepción de estar en el Congreso y –estando en él– constituye el principio de todo lo demás: Largo camino que con su decisión –la suya, amigo lector– llegaría a su fin.

¿Alguna otra propuesta que pueda conseguirlo? Pues, si es así, que se escuche. Amén.

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