Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

“Déjà vu” primaveral

Dicen que para no repetir los mismos errores políticos del pasado hay que conocer la historia.

 

— Manfredo Marroquín
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Hace casi dos años, el 23 de abril del 2015, con cara de pocos amigos y mirando hacia abajo con expresión de derrota se ve al expresidente Otto Pérez Molina en una foto que ocupó las portadas del día, apretando la mano del comisionado Iván Velásquez en un acto en Palacio Nacional, en el que anunciaba a regañadientes la prórroga del mandato de CICIG. Desde meses antes, el exmandatario había amenazado con deshacer la Comisión aduciendo que ya no tenía nada que hacer en el país y que los meses que le restaban los debía dedicar a transferir capacidades.

Lo que ocurrió meses después hasta terminar el 2015, está registrado como una de las mejores páginas de nuestra historia, y lejos del pretendido aborto de CICIG, Otto Pérez terminó renunciando y yendo a la cárcel. Inexplicablemente, el ahora presidente Jimmy Morales, quien fue quizá el mayor beneficiario de esa coyuntura al salir electo con abrumadora mayoría, repite el mismo número en una actuación no solo poco afortunada, sino reveladora de que pasó literalmente en blanco la misma época que lo vio nacer a la política.

Dicen que para no repetir los mismos errores políticos del pasado hay que conocer la historia. Y ni siquiera estamos hablando del siglo pasado, ni antepasado, estamos haciendo referencia de apenas hace dos años. El presidente Morales vuelve al punto cero de la crisis que desató la caída del expresidente Pérez Molina, al insinuar que la CICIG podría irse o bien cambiar a su comisionado, según lo decida él como mandatario. En primer lugar, eso no depende únicamente de él por tratarse de un convenio entre dos partes, y segundo porque Naciones Unidas no aceptaría un reemplazo del actual comisionado si no está respaldado por argumentos válidos y comprobables.

Siendo de tres, el comisionado que más resultados ha entregado al frente de dicha Comisión pedir su salida equivale a decir no quiero CICIG con resultados, con lo cual el escenario de cierre se interpreta como el favorito para el gobierno. Pasa por alto, además el mismo discurso de inauguración que diera el 14 de enero del año pasado cuando prometió refrendar el mandato de la Comisión durante los cuatro años de su periodo.

Pero quizás lo más grave de la postura del mandatario es que se asume como el abanderado de los sectores y grupos anti-CICIG que preferirían cerrar este corto periodo de la historia nacional reciente y sustituirlo por el prolongado régimen de impunidad y corrupción que nos ha gobernado camaleónicamente, con partidos de todos los colores y banderas fieles al saqueo de recursos y la indiferencia de los grandes problemas sociales que aquejan a la gran mayoría.

No habiendo razones de Estado expuestas por el mandatario, su molestia con la CICIG parece estar influenciada por motivaciones personales, quizá por el caso que se sigue contra su hijo y su hermano; o bien por la investigación abierta sobre las finanzas del partido oficial que lo postuló, situaciones que ameritan de su parte imparcialidad y privilegiar el interés nacional.

Pero el déjà vu justo amenaza con dejarnos en abril del 2015, cuando en apoyo a las investigaciones abiertas por el caso La Línea y del “Agua Mágica” del lago de Amatitlán, una buena parte de la población decidió salir a las calles a enterar a los gobernantes que su gestión ya se había terminado, desde el momento que traicionaron la confianza depositada en ellos en las urnas.

Salido de la ruta, al presidente solo le queda esperar un choque de impredecibles consecuencias. Ojalá que como Pérez Molina no le caiga el veinte cuando ya sea demasiado tarde.

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