Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La niñez y la guerra (III)

El robo de niñas y niños en conflictos armados ha sido una práctica alrededor del mundo.

— María Aguilar
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En Guatemala este crimen se realizó de dos maneras, a través de la desaparición forzada y a través de lo que la CEH denominó, privación de libertad. La CEH estimó que los niños representaron un 11 por ciento de las desapariciones forzadas entre 1960 y 1996 y aunque es probable que la mayoría de los niños desaparecidos fueran asesinados también existen posibilidades de que algunos estén vivos y desconociendo su pasado.

Respecto a la privación de libertad, la CEH incluye a menores que fueron capturados por considerarlos enemigos internos, otros detenidos junto a sus madres quienes fueron esclavizadas en destacamentos militares y algunos fueron adoptados ilegalmente por miembros del Ejército o las PAC. La CEH estimó que los niños representaron un 16 por ciento de los privados de libertad. Así mismo, estimó que el ejército, las PAC y los comisionados militares fueron responsables del 96 por ciento de esas privaciones.

Algunos de los niños fueron entregados a orfanatos donde se convirtieron en mercancía del corrupto sistema de adopciones que plagaba al país. Otros, enfrentaron una violencia compleja y prolongada, fueron robados por los verdugos de sus padres y comunidades. Sustraídos de su entorno cultural y privados de su identidad.  Estos niños fueron explotados y violentados física y psicológicamente, obligados muchas veces a proveer trabajo forzado a las familias que los robó.

Algunas de las y los niños sobrevivientes se convirtieron en el bastión de la lucha por justicia. Como sobrevivientes de masacres y crímenes contra la humanidad, representan la memoria y evidencia de los hechos, así como la prueba de la brutalidad cometida en sus comunidades. En el caso de la masacre de Río Negro, 18 niños fueron robados por patrulleros. Una de las declaraciones valiosas ante la CIDH, fue la de Jesús Tecú Osorio, quien tenía 11 años al momento de la masacre y narró los crímenes. Así como la de Dominga Sic/Denise Becker. En el caso de Las Dos Erres, dos niños sobrevivientes, robados por militares, representan la prueba material de la responsabilidad militar en la masacre de 250 pobladores en diciembre de 1982.

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