sábado 25 marzo 2017
Opinión

Una piedra en el corazón

La violencia es el motor que mueve al patriarcado.

 

— Anamaría Cofiño Kepfer

Voy caminando y siento como si cargara un gran peso encima, me cuesta sacar la voz y los suspiros se me escapan sin querer. Desde el 8 de marzo, la vida de las mujeres se vio afectada por la masacre de las niñas, responsabilidad del Estado de Guatemala. Ese Día Internacional de las Mujeres, de nuevo nos gritaron a la cara que no importamos nada, nos golpearon con saña y crueldad para que nos quedemos en silencio, aterradas, quietas. El mensaje fue contra la rebeldía, para acallar la protesta.

Ser mujer en Guatemala es triste y duele porque todo el tiempo te das cuenta que ni el Estado ni las instituciones te valoran, y que nacer niña aquí es venir a un mundo hostil, que nos quita nuestros derechos. La cultura dominante educa devaluando a las mujeres, representándolas como seres inferiores, burlándose de ellas. Sobre esa base se construye el machismo chapín, la fuerza bruta que mantiene a este sistema destructor.

Entender por qué son así las relaciones sociales, hacernos conscientes de nuestro lugar en el mundo y asumir nuestros derechos, nos permite salir del abatimiento y la sumisión. Es indignante darte cuenta que estas cosas suceden como resultado de políticas de exclusión y violencia prolongadas. Y más aún, ver que los crímenes se cubran de impunidad, como queriendo darnos a entender que eso es así, que no tiene chapuz.

Me uno a quienes exigen a las autoridades de gobierno que den información acerca de por qué y cómo llegaron las niñas allí; quiénes son los responsables, no solo de la matanza, sino de todos los horrores que les infligieron durante años. Es imperativo que el Ministerio Público dé información sobre los avances en sus investigaciones. ¡No podemos esperar toda una vida para que lleven a los culpables ante la justicia!

El presidente que asumió un puesto para el que no da la talla, tiene que decirnos qué piensa hacer con la corrupción que inunda al Estado, cómo piensa enfrentar las graves carencias que padecen la niñez y la juventud, él personalmente, tiene la responsabilidad de tomar medidas para resolver un problema de graves proporciones.

En estos días aciagos, en que la muerte ha oscurecido el panorama, con el añadido del asesinato de la artista revolucionaria Concha Deras, hemos pasado de la desolación profunda y la impotencia, al asco, al repudio y al rechazo hacia este sistema de violencia. Los sentimientos, como formas de percibir y vivir el mundo, que provienen y actúan sobre la realidad, son dinámicos y cambiantes, así como nos deprimimos, igual nos enfurecemos. La justa ira surge por agravios sufridos, se dice justa porque tiene una causa inaceptable. Cuando este sentimiento es compartido en sociedad, y se acompaña del deseo de justicia, puede mover montañas. En estas condiciones, es necesario prodigarnos cuidados, juntar fuerzas y quitarnos las piedras del corazón. Nos toca recuperar la primavera.