Domingo 21 DE Abril DE 2019
Opinión

El desgarrador video de un ex-PNC

La mayoría no nos detenemos a pensar cómo transcurre realmente la vida de un policía, ni es un tema para políticos demagogos de segunda categoría.

 

— Silvia Tejeda

Dentro de toda la información que circula en los medios electrónicos, la mañana de ayer me llamó la atención un video enviado por una amiga, muy altruista, que es de las personas que colaboran positivamente con varias agrupaciones, para mitigar el mar de carencias en que transcurre la vida de la mayoría de guatemaltecos. Cerraba su mensaje con un “¿Cómo podemos organizarnos para ayudarlos?

No hay duda, a ella la conmovió tanto como a mí, escuchar el mensaje del expolicía nacional civil identificado por sí mismo, como Víctor Porras, porque su emotivo y realista mensaje pone a cualquiera en qué pensar acerca de la nula relación que cada ciudadano guarda con la PNC, institución, en la que descansa la responsabilidad de la seguridad ciudadana y que, en estos últimos años, con o sin el apoyo del Ejército le ha tocado soportar la presión inmensa de sentirse incapacitada para hacerle frente a la delincuencia, al crimen organizado y a todos los brotes desestabilizadores a que se ha enfrentado las últimas semanas.

La mayoría no nos detenemos a pensar cómo transcurre realmente la vida de un policía, ni es un tema para políticos demagogos de segunda categoría, a quienes solamente les importan los ángulos donde pueden meter su largo brazo para saquear el erario. En la mente de muchos, como el interlocutor lo expresó, “Un policía es un perro, un ladrón, una rata”, que anda viendo donde muerde. Y, en contraste con esos conceptos recalcó: “Hay muchos policías, tan convencidos de su profesión, que dan la vida para salvar la de otros, en un momento de crisis”.

En su sentido discurso, en el que hilvanaba las ideas con el acierto de un experto orador enfatizó que: “Aquí no hay seguridad, aquí manda la delincuencia, porque la Policía Nacional Civil no está equipada para defenderse con un buen armamento. Estamos mal, porque así lo han decidido otros. Para seguridad no existe presupuesto necesario, ni para equiparnos ni para que vivamos dignamente”, Agregó: “Que la ciudadanía sepa que la Policía ¡Ya no puede más! Es cierto: La gente se queja y se queja, pidiendo auxilio, pero la realidad es que algunas comisarías no cuentan con unidades en buen estado y, en algunos casos, somos los agentes los que colaboramos para mantener las unidades en buen funcionamiento”. ¿Cómo atender los llamados de los vecinos, entonces?

“Yo no puedo callar más” agregó. Me duele mucho que mis compañeros estén muriendo por cumplir con su deber y dejen a sus viudas y a tanto huérfano sin mayor protección económica.

A ninguno le interesa saber cómo es nuestra vida en las comisarías. Comemos tortillas con TorTrix, porque no nos alcanza para más. Dormimos en colchones que ni las ratas lo hacen. En muchos lugares no existe el servicio de agua y todo el ambiente apesta. No tenemos herramientas para trabajar, no tenemos unidades en buen estado, no tenemos el trato humano que debiéramos, porque, en realidad, somos seres humanos”. Eso es lo que no se comprende del trato que les dan los gobiernos de turno.

Expresó nuevamente: “Me duele ver cómo mueren los compañeros en el cumplimiento del deber. Los políticos creen que con llegar a cargar los ataúdes y cubrirlos con banderas, lo arreglan todo. ¡No! Ya basta de tanta farsa. Lo que necesitamos es apoyo y más apoyo económico de los políticos corruptos, para que inviertan más en seguridad, para que el país tenga una Policía a la altura, para defenderlos de los grupos delincuenciales, como debiera ser. Necesitamos apoyo, no discursos”.

Un planteamiento desgarrador. Dijo su verdad con el único clamor de ser escuchado. Ante esa persistente realidad, con que los políticos y mafias poderosas tratan las condiciones de vida y funcionamiento de la Policía Nacional Civil, muchos nos inquirimos: ¿Por qué a los miembros de esa institución se les trata con tanto abandono funcional y humano, mientras a otras se les atiende con tantos privilegios? Preguntémonos y respondamos: ¿Qué podemos hacer por ellos, si son nuestros guardianes? Comencemos por darles el trato humano que ellos también merecen.

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