Jueves 23 Marzo 2017
Opinión

Mi voto por Venezuela

Almagro degrada la Secretaría General.

 

— Helmer Velásquez

Las ingratas iniciativas del Secretario General de la OEA Luis Almagro, recuerdan a los guatemaltecos las maniobras imperiales en contra del régimen de Jacobo Árbenz Guzmán; aquellas tuvieron en la Décima Conferencia Interamericana de la OEA –1954– celebrada en Caracas, Venezuela, uno de sus momentos cúspide. ¿Casualidad o sino de América Latina? Fue en aquella conferencia en donde el Canciller de la Dignidad: Jorge Toriello, hizo la defensa histórica del proceso revolucionario guatemalteco: Soberanía, dignidad y libre autodeterminación. Sin embargo… la suerte estaba echada. La sentencia “redactada en idioma inglés” condenaba las intenciones <comunizantes> del régimen de Árbenz y aquella Conferencia dio marco hemisférico a la intervención mercenaria.

Es ahora indubitable el sacrificio histórico del pueblo de Guatemala, producto de aquella intervención, urdida por la Central de Inteligencia norteamericana: doscientos mil muertos, cuarenta mil desaparecidos y más de medio millón de refugiados y desplazados; luego de un conflicto armado que se prolongó por tres décadas y que se origina posteriormente a aquella intervención. Tan grave fue el daño ocasionado al pueblo y tan ilegítimo el fundamento de la intervención mercenaria, que el presidente Bill Clinton, décadas después, pidió perdón –al pueblo de Guatemala– por la agresión.

 Así, con nuestra historia a cuestas, el renovado intervencionismo que lidera el Secretario General de OEA en contra de la democracia venezolana, nos genera rechazo, desazón y un profundo sentimiento de solidaridad con los venezolanos. Horada el Secretario General la menguada credibilidad del organismo. Justamente, el éxito político de CELAC se sustentó en el creciente descontento ciudadano, con una OEA políticamente ineficaz y sin iniciativas útiles para nuestros pueblos. No vemos al Secretario General, liderando una cruzada en favor de los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos de América, demandando medidas hemisféricas en relación a los efectos del cambio climático, o denunciado a los políticos corruptos que se han hecho –de forma ilegítima– con el poder en Brasil y solicitando su desafuero de OEA.

 ¿Qué tenemos a cambio? Un burócrata internacional, en pírrica y financiada campaña por apartar a Venezuela de la OEA. De momento es solo él y su banderita de barras y estrellas. Su “propuesta” fondea en las costas de Miami. Sin embargo, su intención es perversa. Aislar a Venezuela y justificar la agresión armada o –por lo menos– darle nuevo aire a la intervención política y defenestrar al régimen venezolano. La construcción democrática de Venezuela no requiere de Almagro. Requiere, un pueblo informado y formado. Ese pueblo inteligente y solidario sabe construir su propia historia.