Viernes 24 DE Mayo DE 2019
Opinión

Corrección, castigo o cariño

La disciplina permite enseñar que las normas, reglas o mandamientos están hechos para respetarse, cumplirse, obedecerlos y para que la falta, delito o crimen no quede impune.

Fecha de publicación: 23-03-17

El espacio entre disciplina y el verbo disciplinar es tan corto que se ha prestado para cometer las más grandes crueldades en la familia o en instituciones de corrección, porque partiendo de la premisa del conjunto de reglas, de regulación del comportamiento en una colectividad no permite en ningún momento que se golpee con salvajismo, sino debe tomarse un modelo en el que se pueda enseñar, instruir, inclusive se puede incluir el castigo sin ira, sin cólera, sino de enmendar el rumbo, porque el fin es beneficiar al infractor de esas normas para un futuro más seguro, agradable y de paz, tranquilidad y armonía en los grupos donde se desenvuelva y las sepa obedecer y cumplir.

El planteamiento no quiere decir que la falta se quede sin castigo, por el contrario, ni tanto que queme ni tampoco que no alumbre, dice la expresión popular, porque el castigo o corrección permitirá que se viva en obediencia, en acatamiento de aquellos preceptos que permitan armonizar la relación del hombre y enseñar que las reglas se hicieron para cumplirlas, pero no es para sembrar el horror ni el terror en el niño que al vivir aprehendido de sus propias culpas saldrá a la calle a acosar a los demás jóvenes de su edad, experiencia que se vive mucho en los centros de estudio golpeando a los demás, insultando y ahora con el tecnicismo del siglo utilizando las redes para difamar y divulgar chismes, mentiras, videos acusadores e inventando perfiles; maestros o directores que mostrando su crasa ignorancia no dimensionan los hechos y los dejan inadvertidos o padres que se oponen a las medidas disciplinarias sin dolor físico, casos recientes.

La Biblia dice que el padre que no disciplina a su hijo no lo ama, porque más tarde contribuirá a su muerte, porque no le mostró el camino para no andar en consejo de malos. La disciplina permite enseñar que las normas, reglas o mandamientos están hechos para respetarse, cumplirse, obedecerlos y para que la falta, delito o crimen no quede impune. La corrección permitirá que enmiende el camino equivocado y el castigo sin golpes, sin violencia, le permitirá reflexionar para su arrepentimiento de aquello que no acató. Para que cuando sea grande no ande como muchos que están con la camisa levantada, huyendo o en la cárcel, con remordimientos por no haber cumplido su responsabilidad.

Toda esa violencia que hemos vivido y visto tiene consecuencias como la tragedia más reciente, porque en el hogar faltó amor, seguridad filial, atención, conducción y muchas veces corrección con cariño. Hubo tortura por el tipo de golpes dados y manifestados con cólera e ira, saña. Algunos casos con quemaduras. No tuvieron tiempo de calidad ni sentimental, ni mucho menos una sonrisa salida del corazón. Y lo grave es que a donde fueron llevadas para su seguridad recibieron los mismos o mayores malos tratos como los hechos en casa.

A los hijos hay que enseñarles la existencia de mandamientos, leyes, reglas, normas y principios y el cumplimiento con obediencia y qué pasaría si no se cumplen. En caso de falta hay que reprenderlos con amor, con dulzura y si hay que castigar hacerlo sabiamente y de manera que se enseñe, que se le diga por qué, para qué y cómo debe aprender a futuro.