Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Más endeudamiento externo

En todo caso, de no existir garantías suficientes acerca que estos fondos se manejarán de forma transparente, honesta y productiva, sería mejor no endeudar más al país.

— Hugo Maul R.
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La danza de los millones continúa; tampoco es sorpresa, desde que se aprobó el Presupuesto de Ingresos y Egresos del Estado para 2017 se sabía bien que buena parte del déficit fiscal se financiaría con más endeudamiento externo. Además de los bien conocidos riesgos macroeconómicos de los déficits fiscales, el financiamiento de estos mediante endeudamiento externo con organismos internacionales conlleva otro cúmulo de riesgos de índole operativa de los cuales casi nunca se habla. No basta con que se diga que los préstamos servirán para atender nobles objetivos, necesidades sentidas por la población o urgentes proyectos en áreas clave del quehacer gubernamental, sobre todo hace falta, por más cínica que parezca la aseveración, que, como mínimo, los fondos puedan gastarse a tiempo y en la forma en que se planificó. Por más contradictorio que parezca, una condición que no se cumple en buena parte de la cartera de los préstamos externos que el país ha contratado con diversos organismos multilaterales.

Para ninguno de los organismos multilaterales involucrados en estas operaciones es desconocida la poca capacidad del gobierno central para lograr resultados de beneficio a la población debido a los problemas derivados de la inadecuada planificación, problemas de transparencia en el uso de los recursos, constantes reasignaciones presupuestarias y múltiples atrasos en la ejecución de los proyectos. A este complicado panorama hay que sumar los riesgos políticos y los problemas de gobernabilidad que rodean a algunos de los proyectos que se pretenden financiar con estos préstamos; no se diga los riesgos inherentes a los cambios frecuentes en prioridades estratégicas y políticas; y, la baja capacidad institucional para implementar, monitorear y evaluar los proyectos que se financiarán con estos préstamos. Aspectos críticos que, desde una perspectiva aún más cínica que la anterior, pero realista al fin, harían dudar a cualquiera de las supuestas bondades detrás de estas operaciones de crédito.

Aunque algunos de los nuevos préstamos que conocerá el Congreso se otorgan bajo la modalidad de “apoyo presupuestario”, lo cual exime al gobierno de gastar esos recursos de una forma específica, sería una negligencia de los congresistas no exigir garantías claras que tales fondos se utilizarán en programas y proyectos dentro del Presupuesto Nacional claramente vinculados con los objetivos de los préstamos y acordes a los modelos conceptuales y operativos que originalmente sirvieron de base para estructurar estas operaciones de crédito. En todo caso, de no existir garantías suficientes acerca que estos fondos se manejarán de forma transparente, honesta y productiva, sería mejor no endeudar más al país. En pocas palabras, se necesita mucho más que contar con una fuente de financiamiento preferencial, detallados proyectos a ejecutar con estos fondos y asistencia técnica de alto nivel para que los recursos financieros se conviertan en resultados valiosos para la población.

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