Lunes 23 DE Octubre DE 2017
Opinión

¿Todos los caminos llevan a Washington?

El Congreso, el actor más expuesto.

 

— Édgar Gutiérrez
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En 2016 el Congreso legisló para la Plaza y recibió poco reconocimiento. En 2017 ese mismo Congreso ha legislado, salvo excepciones, para salvarse a sí mismo de los procesos judiciales en ciernes y ha recibido reprimendas, ante lo cual adoptó una actitud vergonzante. Quiere decir que su margen de acción está muy restringido, y su suerte parece inevitable, a pesar de que comparte propósitos con los factores duros de poder.

La correlación de fuerzas general se modificó en el último tramo de 2016, con los movimientos en la Corte Suprema de Justicia que llevaron a la elección de la magistrada Patricia Valdés; con el desplazamiento de la UNE en la conducción de la Junta Directiva y, a la vez, la toma de comisiones relevantes por parte de FCN y el alineamiento del presidente Jimmy Morales, tras el erróneo allanamiento del MP de Casa Presidencial y el procesamiento de su familia por su caso de corrupción en el gobierno del PP. La elección de Donald Trump y el ascenso republicano conservador alentó a las fuerzas restauradoras del statu quo en el Congreso y en ciertas esferas empresariales muy influyentes.

Pero el MP y la CICIG prosiguieron la batida, y la Corte de Constitucionalidad avanzó en la misma dirección. En la CSJ se balanceó el poder y el gobernante Morales entró en crisis. A pesar de su voluntad no ha podido librarse del comisionado Iván Velásquez. El Congreso sigue haciendo guiños a la cúpula empresarial, al tiempo que continúa bajo sitio judicial. Los símbolos de la llamada Juntita en torno a Morales, los diputados Edgar Ovalle y Armando Melgar Padilla, se debilitaron súbitamente en las dos últimas semanas.

La cúpula empresarial sigue decidida a capturar los hilos clave de Washington (no obstante, los signos claros que de allí emanan sobre la continuidad de la política resumida desde 2014 en el Plan Global de Asignaciones del Congreso). Pero se visualiza que Washington es el punto estratégico e inevitable de apoyo para recuperar lo que ha salido localmente de control: parcelas del MP y de la SAT, así como la única forma de neutralizar a la CICIG. El razonamiento podría ser: si con Trump en la Casa Blanca no se revierte o al menos se contiene la batida del MP, la CICIG y la SAT, la suerte del país pasará a otras manos ingobernables.

Allí está el centro de gravedad de la lucha por el poder. Y la conclusión, hasta el momento es que el cuadro está sembrado de incertidumbre. La cúpula empresarial, con vocación de ejercicio de poder político, no tiene socios presentables en el Congreso, en la CSJ y en las parcelas de la SAT y el MP. Pero tampoco cuenta con una opción inmediata. Podrá comenzar a construir sus rutas políticas con vistas a 2019, pero, en el entre tanto, depende de ganar tiempos y espacios en Washington. Esos tiempos y espacios, inevitablemente, se tendrán que construir con los afines del Congreso, las Cortes y los grupos más conservadores, estos, amenazados por la justicia transicional. De los actores, el Congreso es el más expuesto por los extendidos casos de sobornos y negocios públicos anómalos que vienen con Odebrecht y varias empresas constructoras, más el caso del Transurbano, entre otros.