Lunes 20 Marzo 2017
Opinión

Los fantasmas que nos asustan

Ya es tiempo de erradicar a los fantasmas que nos asustan.

 

— Richard Aitkenhead Castillo

Guatemala tiene miedos históricos y desconfianzas basadas en el desconocimiento y la manipulación de los hechos. Desde la conquista, realizada alrededor de traiciones, de divisiones internas y alianzas temporales, pasando por las revoluciones, los golpes de estado y el enfrentamiento armado interno, en conjunto, han fortalecido la desconfianza entre grupos y sectores nacionales. Somos, además, expertos en el manejo de la desinformación. Ante ello, dicen expertos en política, que lo que se ve, no siempre es la realidad; o que cuando un error es demasiado grande, no es un error.

Hace veinte años se logró la firma de los Acuerdos de Paz. Un hecho trascendental en la historia moderna del país. Momento ideal para superar diferencias, erradicar miedos, desterrar fantasmas e iniciar la construcción de una nueva época de paz y desarrollo. Se han logrado éxitos parciales: se trasladó a la política la batalla por las ideas; se amplió la agenda pública y de derechos humanos; se inició el reconocimiento de la identidad y derechos de los pueblos indígenas; y, se fortaleció el poder civil y el rol de las organizaciones sociales. No es poca cosa. En este sentido es importante ver la documental sobre los acuerdos de paz que se trasmitirá en estos días por la televisión abierta.

En este contexto, el proyecto de reformas constitucionales en materia de justicia es importante. Lástima que el tema del artículo 203 se haya convertido en fuente de polarización y de manipulación. Trampa, imprudencia o redacción desafortunada. Esta semana asistí a una reunión de un grupo de guatemaltecas y guatemaltecos que dialogaron alrededor de las presentaciones de dos expertos en la materia, de diversa formación, cultura y origen, sobre el tema y su trascendencia. Los resultados fueron alentadores. Se reconoció el importante rol de la aplicación de las normas ancestrales en las comunidades indígenas y de la vocación de servicio de las autoridades que la imparten. Incluso, se hizo ver que la violencia y los asesinatos son muy inferiores en las comunidades de Totonicapán, que en los centros urbanos del país. Se abordó la temática del desconocimiento y de los prejuicios entre sectores de la población urbana sobre las costumbres de los pueblos indígenas y de la necesidad de promover una mayor interrelación cultural. También se señaló el tema de la inclusión y la falta de acceso a los servicios públicos básicos en la población rural. Al final, el sentimiento que la información de la temática había sido manipulada era evidente.

Al final, se retomó el tema de las reformas de justicia y quedó evidente la necesidad de realizar un esfuerzo multisectorial para que aprueben el resto de la reforma. También queda claro que es tiempo de abrir nuestras mentes y corazones a nuestra realidad multicultural. Ojalá este sentimiento pueda ir creciendo y que por fin los guatemaltecos seamos capaces de conocernos y valorarnos por lo que somos y no por los estereotipos que han creado sobre cada grupo poblacional.  Ya es tiempo de erradicar a los fantasmas que nos asustan.