Lunes 20 Marzo 2017
Opinión

La niñez y la guerra II

Fue la última foto tomada, meses antes de que los masacraran.

 

— María Aguilar

Al principio de la década de 1980, bajo el gobierno del general Romeo Lucas García, la estrategia de tierra arrasada comenzó a tomar forma. Algunas de las primeras masacres ocurrieron en regiones del departamento de Baja Verapaz, contra comunidades del Pueblo Achi que se oponían a la construcción de la represa de Chixoy. Una de las masacres más espeluznantes ocurrió el 13 de marzo de 1982, cuando patrulleros de la aldea Xococ y el ejército masacraron a 70 mujeres y 107 niños. El número debe repetirse varias veces para que cobre sentido: 107 niños asesinados en una sola masacre, en un solo día. Eso fue una carnicería de mujeres y niños Maya-Achi.

Ese día, patrulleros y ejército se llevaron a todas las mujeres y niños de la aldea Río Negro al cerro Pacoxom.  Allí las violaron, torturaron y asesinaron junto a los niños. Según testimonios de los pocos sobrevivientes, los bebés fueron somatados contra piedras o árboles hasta la muerte, otros niños fueron asesinados con machetes, otros ahorcados y algunos les dispararon.

No recuerdo el nombre de todos los niños asesinados ese día, pero el rostro de algunos me acompaña siempre. En el museo de la memoria en la aldea de Río Negro observé una foto, amarilla por el tiempo, donde un grupo de niños sonríe a la cámara. Fue la última foto tomada, meses antes de que los masacraran.

Junto a esa fotografía también llevo conmigo las palabras de un líder ultraconservador que participó en escuadrones de la muerte y cuando lo entrevisté justificó la violencia de la guerra, aseverándome: “Esos no eran niños”.  Y cuando le pregunté sobre las osamentas de niños que develaban las fosas, me respondió: “esos eran guerrilleros desnutridos, por eso, los esqueletos son pequeños”.

Mantengo esas palabras como advertencia que, para un sector de la población, los pueblos mayas no somos personas, no somos nada, no valemos, los niños masacrados no existieron y ante las evidencias de las masacres, éstas se justifican con mentiras por el ejército o sectores conservadores.

Tristemente hoy, a más de 30 años del último genocidio maya, las masacres del Estado contra las y los niños continúan.

¡Hoy nos siguen faltando 40 niñas!