Lunes 20 Marzo 2017
Opinión

La niñez del país gritando auxilio

Es en las nuevas generaciones que se cimienta la sociedad.

 

— Marcela Gereda

La manera en que una sociedad trata a los niños es el mejor indicador o reflejo de su ethos y de su desarrollo social. Es en la situación de la niñez que se puede deducir tanto la salud como estado de perversidad de un Estado.

Como zope en el cielo, en Guatemala la muerte sobrevuela sobre la niñez abandonada, excluida, migrante, en sufrimiento, una niñez que contra viento y marea, sigue aferrándose a la vida, inventando estrategias de sobrevivencia como pueda.

Los gritos de las niñas del mal llamado “Hogar Seguro Virgen de la Asunción” nadie los escuchó. Esos lamentos en medio de las llamas son la metáfora de toda la niñez del país rogando por auxilio ante un sistema que trata criminalmente de hacerles invisibles.

Los testimonios recogidos por Nómada y  elPeriódico de sobrevivientes de las llamas de este supuesto “hogar” dizque “seguro”, dan cuenta de cómo las capacidades el Estado y sus instituciones están podridas desde las entrañas y de cómo el Estado guatemalteco se ha constituido para enriquecer a una clase política delincuencial y proteger los privilegios y recursos de una minoría.

Hace algunos años hubo más de seis suicidios en Colotenango, Huehuetenango. Niñas indígenas menores de dieciséis años tomaron veneno para ratas. Sus muertes quedaron en el olvido y nadie se preguntó por qué sucedió.

También en Huehuetenango, meses atrás, un niño murió como víctima de abuso escolar por parte de dos adolescentes de 16 y 17 años, que le introdujeron una manguera por el ano y encendieron el compresor al que estaba conectada. Las autoridades dejaron ir a los victimarios.

La niña Andry Yaretzi Lemus Vásquez fue secuestrada y asesinada en Flores, Petén. Su cuerpo encontrado con señales de estrangulamiento y abuso sexual dentro de la pila de una vivienda.

En Villa Nueva, los Bomberos Municipales entraron a la casa de Jorge Amílcar Ramírez Hernández, de diez años, y lo encontraron colgado de una soga en Ciudad Peronia, zona 8. Según el director del establecimiento donde Jorge Amílcar estudiaba, al niño su padre lo abandonó cuando tenía seis años, su mamá lo dejaba al cuidado de sus dos hermanos pequeños, llegaba con hambre a clases y los niños lo golpeaban.

 ¿Qué representa para un país que muchos niños no puedan serlo y les quiten la vida?, y ¿cómo es posible que la niñez que quedó a cargo del Estado muera en llamas por negligencia y abandono de un Estado irresponsable y miope?, ¿qué expresa sobre este país que aquí muchos niños vivan tan desapegados a la vida?, ¿qué simboliza que la niñez y juventud se encuentren entre la espada y la pared de la pobreza y un Estado inexistente incapaz de ofrecer un futuro sano y de oportunidades para la niñez?

El observatorio sobre la situación de la niñez y juventud en Guatemala, ha registrado miles de muertes violentas en niños, en un rango de edad de cero a cinco años, dentro del tipo de muerte figuran estrangulados, quemados, envenenados, por golpes; arma de fuego, golpes, etcétera. ¿En qué nivel de locura y demencia vivimos?

Aquí vemos a niños de 12 años reclutados por  el crimen organizado. Madres de nueve años abusadas sexualmente y sin nada qué ofrecer a sus hijos. Niños con hambre. Desprotección y bestialidad.

Hoy vemos miles de jóvenes que a falta de futuro, un sentido de identidad, al margen de la dinámica de consumo y empleo, mirando con frustración desde sus guetos de adosados, caen en espirales de desintegración. Y vemos a niños que desde su hambre y marginalidad, como Jorge Amílcar no soportan más el peso de la insoportable existencia.

Si la muerte de las cuarenta niñas, el suicidio de Jorge Amílcar, el salto de tantos niños hacia la muerte, no son un grito lo suficiente dramático como para transformar esta sociedad salvajemente desigual, se convierten en un indicador de su perversidad. Y si el abandono deshumano y la exclusión de esta niñez del país gritando auxilio no bastan para salir de nuestras zonas de privilegio y comodidad para pedir y construir justicia, entonces es que nuestra humanidad ha bajado al peor de sus infiernos.

Somos una sociedad violenta que reproduce violencia y una cultura del miedo y la desconfianza. Se nos olvida que la juventud y niñez es el reto mayor de cualquier país, su presente y su futuro. Es en las nuevas generaciones que se cimienta la sociedad que vendrá. Lo que el país dé a la niñez, esa niñez en su madurez devolverá al país.