Lunes 23 DE Octubre DE 2017
Opinión

Cambio en la dinámica mundial

— Editorial
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El pasado sábado, el G20 de Finanzas, en la cumbre de Baden-Baden (Alemania), no incorporó en su declaración conjunta su tradicional condena al proteccionismo económico ni el apoyo al acuerdo de París sobre el cambio climático.

Esto se interpreta como una concesión al nuevo gobierno de EE. UU, presidido por Donald Trump, que defiende el proteccionismo económico y no comparte la lucha contra el calentamiento global.

Al respecto, el ministro de Finanzas de Francia, Michel Sapin, manifestó: “Lamento que nuestras conversaciones no hayan llegado a buen puerto sobre dos prioridades absolutamente esenciales (…) sobre las que Francia desea que el G20 siga actuando con firmeza y de manera concertada” (El País, España).

Asimismo, el presidente del Bundesbank (el banco central de Alemania), Jens Weidmann, expresó: “Hemos estado de acuerdo en la importancia del comercio internacional, aunque no llegamos a un consenso sobre el futuro de las relaciones comerciales”. En el mismo sentido, el ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schäuble, manifestó: “Hemos llegado a formulaciones con las que no se avanza mucho, pero que muestran nuestro compromiso con un comercio justo y con la manipulación de los tipos de cambio” (El País, España).

El G20 es un foro de 19 países, más la Unión Europea (UE), donde se reúnen regularmente, desde 1999, jefes de Estado (o de Gobierno), gobernadores de bancos centrales y ministros de Finanzas. Lo integran Alemania, Canadá, EE. UU., Francia, Italia, Japón y Gran Bretaña (G-7), además de Rusia (G-8), y 11 países recientemente industrializados de todas las regiones del mundo, y la UE como bloque económico.

Este cambio de prioridades, debe analizarse juntamente con el proyecto de presupuesto de 2018, presentado recientemente por el presidente Trump, en el que se eliminan las aportaciones a la Iniciativa Global de Cambio Climático y al Fondo Climático Verde de la ONU, así como se rebajan las contribuciones operativas y a las labores de pacificación de la ONU.

“El presupuesto busca reducir o finalizar la financiación directa para organizaciones internacionales cuyas misiones no avanzan de manera sustancial los intereses exteriores de Estados Unidos, son duplicados o no están bien gestionados”, se expresó en un comunicado del Gobierno estadounidense.

Además, se rebajan los fondos para bancos multilaterales, incluyendo al Banco Mundial, en US$650 millones en los próximos tres años, y se reduce la financiación de las actividades del Departamento de Estado de EE. UU. en áreas de guerra como Siria, Irak y Afganistán de US$20 millardos a US$12 millardos, que pasarán a ser gestionados directamente por el Departamento de Defensa de EE. UU. Sin embargo, se mantiene intacta la aportación militar a Israel por US$3.1 millardos.

Estas decisiones se asimilan mucho a las medidas adoptadas por el Gobierno estadounidense del presidente Ronald Reagan a principios de los años ochenta.

Sin duda, vale la pena reflexionar sobre estas decisiones importantes, porque indudablemente repercutirán en Guatemala y en el mundo entero.