Jueves 23 DE Noviembre DE 2017
Opinión

¿Optimismo racional?

No solo hemos crecido numéricamente, sino que el hombre promedio actual disfruta de casi veinte veces más bienes y servicios que sus antepasados recientes.

— Roberto Blum
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Hay tiempos en los que es difícil mantener una posición optimista. El “enfant terrible” del siglo XVIII, François-Marie de Arouet, mejor conocido como Voltaire, pudo mofarse del optimismo de Leibnitz, en su avatar de doctor Pangloss, mentor del personaje Cándido. “Este es el mejor de los mundos posible”, afirmaba a cada paso el buen doctor, cuando la fortuna se volvía contra ellos.

Sin embargo, en la segunda década del siglo XXI, ¿podemos aún ser optimistas racionales? Tal parece ser la opinión de Matt Ridley, escritor, científico, banquero y “lord” inglés, que en su vasta obra publicada intenta aprovechar la poderosa idea darwiniana de la evolución de todo, unida a la metáfora de la “mano invisible” de Adam Smith, para explicar su visión optimista y racional de la realidad presente y futura.

Ridley tiene razón cuando, basado en datos incontrovertibles, afirma que los seres humanos vivimos hoy más tiempo y mucho mejor que nuestros antepasados de tan solo hace doscientos cincuenta años. Nadie puede racionalmente negar que la humanidad ha progresado enormemente en estos últimos dos siglos y medio. La población mundial ha crecido de poco menos de mil millones en 1798 –cuando el clérigo inglés Tomás Roberto Malthus escribió su ensayo sobre la población– hasta los 7 mil 500 millones actuales, sin que haya habido una gran hambruna que nos haya diezmado.

No solo hemos crecido numéricamente, sino que el hombre promedio actual disfruta de casi veinte veces más bienes y servicios que sus antepasados recientes. La revolución industrial unida a la democracia constitucional y los mercados libres han generado un verdadero “tsunami” de innovaciones tecnológicas, cuyo resultado ha sido el incremento exponencial de la riqueza y el bienestar mundial. Pero ¿podremos concluir del progreso indudable de los últimos doscientos cincuenta años que los próximos doscientos cincuenta años serán igualmente exitosos?

Diversos estudiosos consideran que el periodo que comenzó a mediados del siglo dieciocho con la introducción de la máquina de vapor a las manufacturas y al transporte, multiplicando así enormemente la fuerza y la riqueza disponible, está llegando a sus límites. El periodo de crecimiento que hemos disfrutado les parece ser completamente anormal e imposible de mantener por mucho más tiempo. Tal es la tesis del Club de Roma, publicada en sus reiterados reportes sobre los límites del crecimiento, como consecuencia inevitable de vivir en un planeta limitado.

Los acontecimientos que los periódicos, la televisión y los medios sociales reportan constantemente parecen indicar que algo no está funcionando bien en el planeta. En todas partes la gente parece inquieta, desazonada, temerosa del futuro. La desigualdad económica entre los individuos ha crecido en los últimos treinta años, el crecimiento de la economía mundial es mediocre y las expectativas de bienestar futuro están cayendo. Existe en muchos un espíritu de pesimismo y desesperanza.

Quizás convenga reconsiderar críticamente qué tan racional es mantener una actitud pesimista, dados los enormes avances que como humanidad hemos logrado en los últimos doscientos cincuenta años. Posiblemente Matt Ridley y los optimistas racionales tengan razón y la desazón actual sea solo un mal sueño.