sábado 18 marzo 2017
Opinión

Las brechas de la SAT

— Editorial

No es la primera vez, ni será la última, en que la SAT no alcanza las metas de recaudación tributaria proyectadas. Un comportamiento que se ha hecho habitual durante los últimos tiempos debido, en parte, a que la SAT termina siendo la válvula de escape de un sistema en donde año con año siempre se busca gastar más, existan o no los recursos financieros para hacer frente a tales compromisos. De esa cuenta, la fracción del aumento del gasto que no logra financiarse mediante nuevas colocaciones de deuda pública terminan convirtiéndose en una responsabilidad para la SAT; obligando a la institución a comprometerse con proyecciones de recaudación tan optimistas que resultan imposibles de cumplir en la práctica.

Mientras esta práctica no se modifique, la SAT seguirá siendo la institución que lleve sobre sus hombros la carga de conseguir los recursos necesarios para financiar los niveles de gasto público que el Minfin decida validar. Una práctica que contraviene el sano principio de finanzas personales de no gastar lo que no se tiene. Si esta sabiduría se utilizara a nivel macroeconómico, el nivel del gasto público debería establecerse en función de lo que efectivamente puede recaudarse en escenarios realistas para el comportamiento de la economía nacional. De quererse gastar por encima de este nivel, el Minfin debería considerar entonces cuánto endeudamiento público es sano y sostenible incurrir cada año. De esta forma sería mucho más transparente y fácil de comprender el papel del endeudamiento público como complemento de lo que no se puede recaudar en determinado momento. De la forma en que hoy opera este sistema, primero se determina el nivel del gasto deseado, luego cuánto es lo máximo que el país se puede endeudar y el resto del ajuste se traslada a la SAT, esté o no dentro de las posibilidades de esta institución alcanzar tales niveles de recaudación.

Según los propios datos del ente recaudador, la llamada brecha tributaria, diferencia entre los ingresos tributarios efectivamente recaudados y la meta proyectada, durante los primeros dos meses de este año asciende a Q538 millones. Una brecha que la SAT deberá buscar como compensar “cueste lo que cueste” pero que, en la medida que no mejore la situación económica actual, no será tan fácil de compensar a lo largo del año. Independientemente de las nuevas herramientas que tiene la SAT ahora entre sus manos, lo que es una realidad es que la SAT no puede cobrar impuestos de consumo, inversiones, sueldos y ganancias que no se materializarán dada la situación económica del país.