viernes 17 marzo 2017
Opinión

¿Qué hacemos con el “bullying?

Tiene que ver con qué clase de personas somos.

— Luis Figueroa

El lunes un chico llevó una pistola a su colegio y la disparó. Afortunadamente para el patojo que llevó el arma, y para las víctimas potenciales, no hubo más disparos, ni hubo heridos, ni muertos. Pero sí habrá consecuencias y mucha gente resultó lastimada emocionalmente.

No voy a mencionar nombres porque aquello que ocurrió allá, podría pasar en cualquier otro establecimiento educativo; debido a que la causa del incidente es el acoso o “bullying”, un fenómeno del que hay que hablar. Lo dijo el abuelo del muchacho, en una columna valiente y conmovedora: “Ahora nos enteramos que durante los últimos años mi nieto soportó en silencio, sin compartir con sus padres, una situación de acoso constante de parte de compañeros”; y lo dijo un exalumno del colegio en un comentario de Facebook no menos valeroso y emotivo: el patojo que disparó “fue víctima de “bullying”/acoso escolar, el más desagradable y perturbador que puede ofrecer un colegio de solo varones. Y esto lo digo yo porque no solo fui testigo, sino porque… yo mismo fui una víctima de “bullying”… A los ojos de los matones… cualquier atributo, interés o talento que se salga del marco tradicional-católico-macho es una mariconada y merece ser castigado. Sin tener ninguna autoridad a la cual acudir, y sin amigos porque todos me veían como un marginado, reventé conmigo mismo”.

¡Por supuesto que es inaceptable llevar un arma a un colegio!; pero las víctimas de acoso escolar pueden ser llevadas a la desesperación en un ambiente de aislamiento y humillación. Para desgracia de todos, los establecimientos educativos, los maestros e incluso las familias, no solemos ponerle suficiente atención al asunto. ¡Hay una gran diferencia entre “la chingadera” propia de la niñez y de la adolescencia, y la perversidad del acoso!; y la mayoría de nosotros no estamos dispuestos a verla, en parte porque la mayoría de nosotros prefiere ver hacia otro lado cuando ocurren cosas desagradables, y en parte por pereza moral.

Es un error abordar el tema como si fuera solo uno de inseguridad; porque es mucho más grave que eso. Tiene que ver con qué clase de personas somos.

luisfi61.com