Viernes 22 DE Marzo DE 2019
Opinión

El infierno

Profundo lamento por las niñas del Hogar Seguro Virgen de la Asunción.

 

— Anabella Giracca
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No se trata de “lecciones aprendidas” cuando la muerte rampante se lo traga todo. Pero la realidad se destapa poniendo nuevamente en evidencia una condición sistemática llamada: pobreza.

La niñez no es ni ha sido prioritaria. Se vuelve protagonista únicamente cuando se proyectan películas de terror en este imaginario llamado sociedad. Como aquel repunte de miles de niños guatemaltecos migrantes, que escandalizó. O la alerta de cientos y cientos de niñas embarazadas que alertó a algunos. O cuando aparece un reportaje de los llamados “niños de la pólvora”. O cuando cada año se asoman las penumbras del sistema educativo. O cuando se sabe que mueren sistemáticamente bebés en hospitales rurales. O cuando se conoce de la inaceptable condición de cárceles desbordadas de jóvenes que no hacen más que seguir delinquiendo detrás de las rejas. O cuando se exponen las fatales estadísticas de niños trabajadores. O cuando expertos ponen en alerta el incremento de la trata de niñas guatemaltecas, que es brutal. Entonces los burócratas se rajan las vestiduras y presumen sus discursos humanitarios y caritativos frente a los reflectores. Por un día nada más. Luego, todo vuelve a la “calma”.

Ahora, la peor de las tragedias recorre el mundo dejando una imborrable estela de dolor. Carga demasiado pesada para soportarse.

La niñez no es ni ha sido prioritaria. Hoy tenemos al menos 700 historias como ejemplo de lo que viven cientos de miles. Víctimas de violencia familiar. Víctimas del acoso y violación por parte de su círculo más cercano. Víctimas de la pobreza extrema. Víctimas del abandono. Víctimas de amenazas de maras del barrio. Víctimas de las drogas. Víctimas de padres o madres privados de libertad. Víctimas de padres o madres migrantes. El purgatorio que viven es terrible, pero la tutela del Estado lo único que hace es garantizarles el infierno.

Este desborde de lágrimas, pone en evidencia lo fallido de las estructuras. La falta de coordinación interinstitucional. La carencia de un programa de gobierno, integral y eficiente. La debilidad del Presidente ante esta penumbra, que es imperdonable: “las encerraron con llave para evitar una tragedia”. Instituciones cooptadas de incompetencia y falta de empatía (¿Amigos de gobierno?). Los tres Poderes erosionados. La desatención de alertas y prioridades. La reproducción sistemática de la pobreza.

Cuando gobierna el silencio, la muerte cabalga. ¡No más parches ni caridades! Este es un asunto estructural.

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