Sábado 20 DE Julio DE 2019
Opinión

No hemos aprendido nada

El dolor ajeno no les duele y se enriquecen sin medida ante la indiferencia de una sociedad hipócrita.

Fecha de publicación: 14-03-17
Por: Amílcar Álvarez

Hace años murieron 90 personas en el estadio Mateo Flores y los responsables disfrutan la dolce vita a pierna suelta. Como una marea se repite la historia en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción al decidir el destino sacrificar 40 niñas que dormían en el olvido y empezaban a trazar las líneas de su vida con la imaginación, llena de fantasía y frescura propia de la edad. La culpa es de los gobernantes incapaces, indolentes y corruptos que jamás se han preocupado de la niñez y la adolescencia, enredados en los vicios del poder. El dolor ajeno no les duele y se enriquecen sin medida ante la indiferencia de una sociedad hipócrita, reacia a impulsar cambios elementales y fundamentales que la modernidad exige. Los estragos que causa esa conducta están a la vista y ante semejante tragedia, la vergüenza y el dolor invaden las calles cubiertas con el llanto retenido en la sombra del silencio y la mirada perdida de la gente, esperando que de las plegarias y un canto del pueblo surja una tregua en la patria que se muere lentamente de la angustia, al ver los sueños de la juventud perdidos y abandonados por los que deben enseñar y no lo hacen, por los que deben atender los hospitales y no lo hacen, por los evasores de impuestos que quieren que los paguen los mancos, los tísicos y los limosneros y por los que no tenemos el valor de cumplir nuestras obligaciones provocando que la primavera salga huyendo y el otoño se esconda y cierre los ojos para no ver esa cobardía, mirando con tristeza el horizonte y con inquietud las huellas y el orgullo de la juventud que lejos del odio y del fuego del egoísmo, ignora que la cuidan perversos obsesionados por el dinero. De nada les sirve, al llamarlos la naturaleza se dan cuenta que en la tumba fría los obreros, los campesinos y los apellidos ilustres con sus lingotes de oro inútil son iguales y que el tiempo sin enojarse los vuelve polvo cantando en varios idiomas.

Antes cuando los gobernantes se equivocaban sus asesores los aconsejaban y rectificaban, se llamaban sabios y lo eran, hoy si les señalan la Luna miran el dedo y la esquivan, prefieren ignorar que la democracia es el mejor control social que existe, proceso que no se consolida y lejos de mejorar se deteriora, la responsabilidad es compartida al no entender que se basa en el ejercicio de la ley sin excluir el uso de la fuerza pública, como coacción legítima para preservar el orden social. Los gobiernos legitimados por el voto popular no saben qué hacer con el poder que emana del pueblo, deslizándose en sus manos como el agua sin recogerlo del suelo y aunque reside en el pueblo, nunca lo ejerce y sus anhelos se marchitan y diluyen pereciendo sin remedio. Cada cuatro años desfilan presidentes sin saber que la máxima organización del poder es el Estado y encandilados en los negocios turbios no se preocupan de nada, ni de la juventud que es el espejo de la sociedad, de sus aciertos y sus fracasos. No les importa. El que se lleva la medalla de oro en el desmadre que vivimos es el Congreso y si todavía algún diputado no ha sido insultado por su conducta sibilina hay que pedirle disculpas, lleno de payasos es un circo donde desfilan los verdaderos estafadores de la política. La tragedia en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción nos conmueve el alma y el Gobierno debe asumir su responsabilidad mejorando la existencia de los jóvenes desamparados y enjuiciar a los culpables. Gobernar un país no es solo un mundo de reglas y excepciones, es dignidad y fortalecer el Estado rescatando a la sociedad del cáncer de la corrupción sin negar la realidad, recordando que la justicia no es un negocio y no se puede sustituir por los intereses. Los pueblos están condenados a la maldición por su propio voto al votar sin meditar por los que convierten la democracia en su modus vivendi y la degeneran, diciendo que hay que salvarla y los que se salvan son ellos. A las niñas sacrificadas por el sistema, un canto Gregoriano y una flor. R.I.P.