Jueves 18 DE Julio DE 2019
Opinión

Indiferencia e inhumanidad seguras

Todavía no es posible dimensionar hasta dónde llegaban los abusos dentro del Centro Seguro Virgen de la Asunción.

Fecha de publicación: 14-03-17
Por: Manfredo Marroquín

Se dice que una sociedad se juzga en su calidad humana por cómo trata a su niñez y a su población adulta, quienes representan la construcción del pasado y el futuro de la sociedad. En Guatemala, estos segmentos de la población que además en el caso de la juventud es mayoría, lo que tienen asegurado es el dolo y la indiferencia a sus más apremiantes necesidades, convirtiéndonos cada vez más en una sociedad deshumanizada.

Los gobiernos van y vienen y los problemas simplemente se reciclan en un círculo perverso e inmoral. El modelo de administración de los centros juveniles viene haciendo crisis hace unos 20 años, y responde a una visión obsoleta pues dependen de una Secretaría de Bienestar Social adscrita a la Presidencia de la República, donde no cuentan con las capacidades técnicas para administrar estos centros, delegando en nombramientos discrecionales su funcionamiento.

En la práctica, dichos centros a los que acuden niñas y niños que sufren violencia y otros problemas intrafamiliares, refuerzan el maltrato y otras formas denigrantes contra la población juvenil, contradiciendo el propósito de su creación. La intermediación de jueces y otros burócratas que simplemente emiten resoluciones que ni se llegan a cumplir, es la manifestación más clara de un Estado indiferente e irresponsable.

De hecho, todavía no es posible dimensionar hasta dónde llegaban los abusos dentro del Centro Seguro Virgen de la Asunción, pero no se descarta ninguna hipótesis después de conocerse que un grupo completo de niñas adolescentes que fueros trasladadas a un centro de Quetzaltenango después de ocurrida la tragedia, el cien por ciento se encuentra en estado de gestación. Ya han sido públicos los abusos en otros centros correccionales que se asemejan más a campos de concentración y escuelas del crimen.

Ninguna diferencia hay con los pocos albergues disponibles para la población de la tercera edad que sufre diariamente abusos por los malos servicios públicos esenciales como el transporte y atención médica. Ni siquiera la problemática que los afecta ha merecido una discusión seria en el Congreso ni el Ejecutivo que deberían trabajar juntos para atender su problemática. Cínicamente fueron utilizados como recurso electoral con la aprobación de un bono que carece de transparencia.

En otro suceso que parece aislado pero no lo es, ocurrido la misma semana pasada, un intento de linchamiento de ciudadanos franceses en El Asintal, municipio de Retalhuleu, simplemente porque se encontraban tomando fotografías a niños del lugar. No es la primera vez que llevados por rumores, turbas de vecinos ataquen turistas sean locales o extranjeros, en otra expresión de salvajismo y deshumanización que afecta a nuestra sociedad.

La regla es que el actual Estado expresado en los poderes que detentan la toma de decisiones nacionales, no atiende la mayoría de problemas y cuando llega a hacerlo lo hace mal y tardíamente como ocurrió la misma semana pasada cuando se dio la marcha de campesinos de Codeca, mismos que no fueron atendidos por el presidente Morales aduciendo que estaba en Sololá entregando casas a damnificados por la tormenta Stan del 2007. Imaginen a los cuantos años llegó la respuesta del Estado para ese caso y qué les espera a las víctimas de tragedias más recientes como el derrumbe en Santa Catarina Pinula, donde las casas prometidas siguen sin ser entregadas.

La acumulación de tantos problemas que han quedado sin resolver históricamente ante la mirada indiferente de políticos de turno y las elites con poder de influir, nos están pasando una factura muy alta pues tantos años de indiferencia a los problemas sociales nos están volviendo una sociedad inviable en términos civilizatorios.

Seguir con el patrón cultural de sálvese quien pueda y de que los problemas del otro no son mi problema nos llevará sin duda a seguir viviendo en un país marcado por catástrofes con consecuencias todavía no medibles.