Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Crímenes de Estado y gobierno violador de derechos

Continuó con su agenda de gobierno como si el suceso no fuera importante.

— Renzo Lautaro Rosal
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El presidente Morales, maliciosamente, pretende encubrir la irresponsabilidad cometida por su administración en el caso del asesinato colectivo incurrido contra 40 menores de hogar, bajo el argumento que la responsabilidad era de varios, era del Estado. Fórmula de minimizar y escudar un oprobio convertido en drama humano. Lejos de asumir un rol sensibilizado y preocupado por lo sucedido, apareció como el insensible, el que da mil vueltas a un asunto concreto, el que defiende lo indefendible; el que quiere salir en caballo blanco en una situación que no es para sacar ventajas políticas, y no visualiza, ni le interesa que se trata de un episodio donde su gestión terminó de agotarse.

El suceso confirma que uno de los problemas vitales del Estado es su poca o nula capacidad de satisfacer los derechos ciudadanos mínimos. Con ello, la legitimidad del régimen termina de venirse abajo. Lejos de las divagaciones teóricas si más o menos Estado, la mayoría de ciudadanos considera que el Estado debe cumplir con un papel relevante, activo y concreto en los procesos de inclusión social. No cabe, ni por asomo, la interpretación que el mandatario hace al no reconocer lo sucedido como crimen de Estado.

Las 40 muertes expresan el desprecio del Estado a su principal activo, la infancia, adolescencia y juventud. Desprotección y despreocupación son sinónimas. ¿Qué papel le debió corresponder al gobierno? Es la estructura organizada para el ejercicio del poder del Estado. Le corresponde ciertas orientaciones o rutas de acción que le son propias: puede continuar la lógica de subordinación de lo social y lo político a la economía enfocada hacia la consolidación del modelo patrimonialista-corporativo, puede servir de paliativo y crear condiciones para reducir el carácter de exclusión social, o bien, pasársela bien a expensas de las mayorías, sobrevivir artificialmente y no más.

Este gobierno es el responsable de desatender la gran cantidad de alertivos y recomendaciones lanzadas desde hace años. El Presidente indicó estar sabido de los últimos acontecimientos en el Hogar Virgen de la Asunción y no hacer nada en función de la vida y por el contrario, estar de acuerdo con dejar bajo llave a las menores; continuó con su agenda de gobierno como si el suceso no fuera importante, defendió a los funcionarios implicados y no los destituyó inmediatamente; salió públicamente con retraso, con discursos fuera de lugar incluso ridículos. Esa combinación de factores es lamentable e inexcusable; indicadores de la incapacidad llevada al máximo.

Las situaciones críticas no son esperadas por ningún gobierno, por mediocre que este sea. La capacidad de manejo de ese tipo de situaciones es un test donde se ponen a pruebas actitudes, capacidades de respuesta rápida, coordinaciones, disposición a crear alianzas con quienes sumen, mensajes de unidad nacional. Nada de eso sucedió. Es poco probable que la sacudida dé para modificar un patrón del cual no se quiere salir; postergando una vez más el papel primordial del Estado de asegurar la cohesión social de una sociedad; lo cual implica acceso equitativo a servicios públicos, políticas de protección social en favor de los vulnerables y una burocracia
eficiente y respetuosa de la dignidad de las personas.

Twitter: @RosalRenzo

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