Sábado 18 DE Noviembre DE 2017
Opinión

Patética incertidumbre

La interpretación y aplicación de las leyes son imprevisibles.

 

— MARIO FUENTES DESTARAC
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La incertidumbre es la falta de certeza, que se traduce en la falta de conocimiento seguro de una cosa, en la imposibilidad de prever un acontecimiento futuro. Inequívocamente, la falta de certeza genera duda sobre un hecho o cosa, y la duda lleva a la vacilación, al ánimo perplejo e indeciso.

La incertidumbre ensombrece el espíritu, porque impide al ser humano el análisis de los elementos y el cálculo de los resultados, así como menoscaba la esperanza, que se traduce en un estado de ánimo en el cual se presenta como posible algo deseable, es decir aquel deseo o aspiración que nos parece alcanzable, lo que supone una sana confianza en el logro.

En el Derecho, la esperanza se asimila a la expectativa, que es la posibilidad de adquirir un derecho, contraer una obligación o adoptar una actitud en razón de un evento pasado o futuro, a la luz de la vigencia y aplicación de regulaciones claras y ciertas, que orientan la conducta humana y permiten ponderar oportunidades y amenazas en un contexto de libertad, igualdad y legalidad.

De suerte que para que las personas sepan a qué atenerse, puedan planificar con miras a hacer realidad sus aspiraciones y proyectos, así como para que tengan la certidumbre necesaria para adoptar decisiones y arriesgarse, es imperativo que las leyes, además de generales, abstractas y razonables, sean estables, lo que supone que sean permanentes, durables, subsistentes y de largo plazo. Asimismo, se requiere que la interpretación (sentido y alcance) y aplicación de las normas vigentes también sean ciertas y previsibles, por lo que los criterios y precedentes reiterados deberían respetarse y no cambiar abruptamente.

La modificación constante de reglas del juego, así como las variaciones en su interpretación y aplicación, provocan inseguridad e indecisión, porque los interesados simplemente no saben a qué atenerse y se sienten vulnerables.

Las expectativas son determinantes en el proceso económico. Si las expectativas de los agentes económicos son de corto plazo, debido a que las reglas del juego pueden cambiar de súbito o fácilmente, y su interpretación y aplicación pueden variar insospechadamente, las decisiones que adopten tenderán a ser cortoplacistas, cautelosas y adversas al riesgo, extremo que, obviamente, redundará en la inversión, la contratación, el ahorro y el consumo.

Por el contrario, si las expectativas de los agentes económicos son de largo plazo, sus decisiones también serán de largo aliento y los alentarán a aprovechar oportunidades y asumir riesgos.

En Guatemala, los agentes económicos saben que las reglas del juego no son estables, y que las mismas pueden variar hasta el absurdo e, incluso, hasta lo demencial. También dichos agentes afrontan el problema de que la interpretación y aplicación de las normas vigentes son imprevisibles, al extremo de tornarse antijurídicas, antojadizas y arbitrarias. Inequívocamente, esta incertidumbre jurídica no favorece la inversión productiva, la innovación, la diversificación, la generación de negocios ni la creación de empresas y fuentes de trabajo.

Indudablemente, no puede haber certeza en un ambiente en que las normas (fundamentales y ordinarias) y las instituciones pueden cambiar drásticamente de la noche a la mañana, sobre todo aquellas que protegen la propiedad privada, regulan la contratación y los términos de intercambio, gravan impositivamente el patrimonio y las rentas de los contribuyentes, y castigan y penalizan, así como en donde la mutación de los criterios de interpretación y aplicación de los preceptos constitucionales y legales, redundan en costos imprevistos, temor asociado a la percepción de un estado de desprotección e indefensión, y aversión a asumir nuevos riesgos y emprendimientos.

La incertidumbre jurídica se traduce en pérdida de credibilidad en la justicia oficial, erosión de la confianza ciudadana en las instituciones estales y percepción de ausencia de protección legal e igualdad ante la ley, porque las personas no saben a qué atenerse y son rehenes o víctimas del abuso de poder, de la demagogia, de la injusticia, del expolio, de la confiscación, de la criminalización arbitraria y de la opresión.

“Causa es de perder lo seguro ir en busca de lo incierto” (Plauto).