Miércoles 19 DE Junio DE 2019
Opinión

El patriarcado mata

Tiempo de ponerle punto final.

 

Fecha de publicación: 11-03-17
Por: Anamaría Cofiño K.

La consternación, la tristeza visceral, la rabia, la indignación son sentimientos que tomaron dimensión colectiva de golpe. Somos miles quienes repudiamos el asesinato de más de 35 jóvenes cometido por el Estado. Es incuestionable que este aparato, diseñado para la dominación, no tenga responsabilidad en los acontecimientos que desembocaron en un crimen de femicidio institucional. Decir que fue un acto voluntario o accidental de las chicas es una burla. Encerrarlas fue perpetrar otra masacre.

Hace años se venía denunciando una serie de abusos y faltas cometidas en ese centro, cuyo objetivo era darle acogida a niñas y niños sin familia, provenientes de la calle o la trata, entregados a la institución para garantizarles condiciones de vida digna.

Los relatos que se han filtrado, ilustran un estilo de ejercer el poder enraizado en el pasado, que se ha mantenido como arma para sostener el sistema de privilegios y exclusiones, fuente inequívoca de conflictividad. Este hecho sangriento es el reflejo vivo de cómo funciona el Estado, utilizando el terror.

Cuando este centro se fundó, durante el gobierno de Óscar Berger, se advirtió que ese modelo era anacrónico, y se recomendó establecer casas para grupos pequeños, donde la atención fuera íntegra y personal. Pues no, de un refugio se hizo una cárcel, se hacinó a cientos de niñas, niños y jóvenes con problemáticas complejas, se les negó acceso a gozar de las condiciones  básicas para su bienestar.

Para las élites y los políticos corruptos, la población mayoritaria es descartable, y sus vidas son prescindibles. La indiferencia y el abandono son la causa de este horror.

Si otro fuera el caso, las niñas podrían jugar, aprender, crecer en libertad, sin caer en las redes de trata, ser violadas sexualmente, tener que trabajar desde la temprana infancia, y sobre todo, sin padecer embarazos forzados.

Las feministas hemos repetido hasta el cansancio que es necesario transformar las ideas, costumbres, formas de actuar, leyes, símbolos y subjetividades, con el fin de erradicar el machismo, la misoginia, el sexismo, la homofobia y el racismo. Estas manifestaciones de odio hacia las mujeres y quienes se salen de los patrones de género patriarcales, son otra fuente de desigualdad y malestar. La violencia, como atributo masculino asignado y forma de relación, es la imposición más terrible que pesa sobre los hombres, y la que más daño provoca a las mujeres.

Nosotras, otras y muchas más, proponemos organizarnos de forma que todas las personas podamos convivir en armonía social y con la naturaleza. Nuestro planteamiento es radical porque pone en el centro el bienestar colectivo, el respeto, la reciprocidad y el afecto, como bienes que es necesario cuidar y reproducir. Convencidas que los cambios de fondo son indispensables, convocamos a toda la población a unirse esta tarde y las que sea necesario, para fortalecernos y construir en colectivo una Guatemala justa donde se pueda vivir con dignidad. Mucho tiempo hemos aguantado a este gobierno de pacotilla.



  • Más