Viernes 24 DE Mayo DE 2019
Opinión

Duelos de fuerza

Es la misma injusticia de siempre.

 

Fecha de publicación: 09-03-17

El guatemalteco común y corriente celebra cada vez que cae en prisión otro corrupto, aunque también aumenta el desconsuelo por los fugados y por quienes se libraron con penas reducidas mientras a los pequeños se les receta grandes condenas. Es la misma injusticia de siempre. Manuel Barquín, expresidente del Banco de Guatemala y candidato vicepresidencial de Manuel Baldizón, se fue a su casa tras declararse culpable con un lagrimón, mientras una secretaria insignificante del Congreso fue encerrada prácticamente para siempre. El pueblo, como romanos en el Coliseo, exige al Emperador la señal para que le corte la cabeza con la espada al corrupto o mande abrir la puerta de los leones, porque quieren presenciar cuando las fieras los despedacen.

Esta semana se capturó a la exdiputada Emilenne Mazariegos, la amiga de Roxana Baldetti, por lavado de dinero. Cuando estaba en el Congreso sonó su escándalo por la repartición de plazas en el hospital de Huehuetenango, pero salió impune. Este nuevo golpe refresca la imagen de la CICIG y del Ministerio Público, cuando más lo están necesitando debido a las campañas negras en su contra, o porque la opinión pública sospecha de posibles presiones para imponer criterios al estilo de los políticos de antes. El tema incomoda porque aquí se vive a diario la impunidad, como cuando se obliga a los ciudadanos a pagar extorsión en el transporte público a un sujeto tatuado que amenaza: “yo podría asaltarlos y dejarlos sin nada, pero para qué, mejor contribuyan cada uno conmigo con 5 quetzales y así estamos en paz”. Hay ladrones motorizados asaltando y aterrorizando en las calles a los conductores, les zangolotean los carros y golpean los vidrios hasta que abren y entregan sus pertenencias ante la vista de espectadores congelados. ¿Quién va tras los extorsionistas que amenazan con raptar niños o aprovecharse de las niñas púberes? Los delincuentes comunes entran y salen de la cárcel de un día al otro, mientras en las cárceles VIP esperan ociosos los grandes corruptos la llegada de sus visitas.

La CICIG no debería de extrañarse por el cierto empañamiento de imagen que hace un año brillaba. El comisionado Velásquez no debería de dar la impresión de que está haciendo política. Su función es limpiar limpiamente, desarmar organizaciones, librarnos de la pesadilla que se atrincheró en el Estado. Y la Democracia debe asumirse como tal, con transparencia. Lo que debemos borrar es la costumbre de los pocos pidiendo o exigiendo se obligue a la mayoría a aceptar su voluntad. Hay que evitar los pulsos de poder, las demostraciones de fuerza, e invitar a la sociedad a producir.