Jueves 18 DE Julio DE 2019
Opinión

Certeza Jurídica para el #DesarrolloSostenible

La semana pasada la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa) presentó los resultados del Índice de Desarrollo Sostenible, indicador que permite asignar un valor al grado de sostenibilidad del desarrollo alcanzado por un país. Este estudio evalúa a 93 naciones en todo el mundo, 18 de ellas son latinoamericanas. Lamentablemente, del total de naciones de la región latinoamericana evaluadas este año, Guatemala es el cuarto país peor calificado.

 

Fecha de publicación: 09-03-17
Por: Salvador Paiz

¿Qué implica el desarrollo sostenible de una nación y qué supone para su población? ¿Cómo podemos generar las condiciones que permitan a más guatemaltecos salir de la pobreza en el menor plazo posible? Muchos indicadores miden simplemente “cuánto desarrollo” existe en un país en un momento determinado. Más allá de medir solo el nivel absoluto de desarrollo, este indicador de sostenibilidad busca determinar cuán frágiles son los logros obtenidos hasta este momento. En otras palabras, estimar qué tan capaz es dicho país de continuar acumulando desarrollo y mantener vigente el proceso de superación de su población, sin retroceder. Recordemos que el desarrollo es sostenible solamente si se cuenta con bases sólidas que permitan al individuo progresar, reduciendo así la posibilidad de que, ante cualquier eventualidad, se pierda el camino avanzado. Hoy Guatemala muestra cierto desarrollo, pero el indicador en cuestión nos demuestra la facilidad con la que podemos devolver los avances.

Fundesa explicó que el indicador se descompone en tres pilares fundamentales que sustentan cualquier proceso de desarrollo, aunque la importancia de cada pilar varía dependiendo del nivel de desarrollo ya alcanzado por cada país. El primer pilar es la reducción de vulnerabilidades, particularmente importante para salvaguardar los niveles más elementales de desarrollo. Aquí inciden las condiciones básicas de salud, educación, seguridad, justicia, aprovechamiento consciente de los recursos naturales y formalidad laboral. Guatemala aún exhibe importantes rezagos en desnutrición crónica y calidad educativa, por lo que se deben implementar programas concretos en ese sentido. Hoy se ven con optimismo avances como el abastecimiento de medicinas en la red hospitalaria del país.

El segundo pilar es la creación de oportunidades, importante para romper la carga gravitacional de la pobreza. Este pilar evalúa variables de entorno, tales como capacitación técnica, clima de negocios, urbanización e inversión en infraestructura vial y logística. Guatemala podría mejorar rápidamente en este indicador al aumentar su inexistente inversión en infraestructura vial o al reglamentar el Convenio 175 de la OIT para abrir las posibilidades de empleo formal.

Finalmente, el tercer pilar evalúa la fortaleza institucional, léase las normas y procedimientos, las condiciones de gobernabilidad, certeza jurídica, previsibilidad de mediano y largo plazo de las políticas públicas, descentralización, transparencia y participación social. Los recientes atentados a la certeza jurídica implican retrocesos en este indicador y pronto se verán reflejados en estadísticas de inversión y generación de empleo. Reglamentar en forma expedita el Convenio 169 de la OIT, sería una forma de revertir la actual tendencia así como sus nefastas consecuencias.

La realidad de Guatemala es que las instituciones siguen siendo débiles. Es allí donde tenemos que trabajar más duro. En ese sentido, enfrentamos tres grandes obstáculos: (i) la certeza jurídica a la inversión –reducción de la conflictividad–,

(ii) el combate a la corrupción –un gobierno más eficiente, transparente y pertinente– y (iii) la claridad en la normatividad –evitar que exista discrecionalidad en decisiones judiciales sobre temas administrativos–. Sin un aparato gubernamental fuerte y estable, difícilmente saldremos del círculo vicioso de la pobreza y violencia, ni lograremos avanzar decididamente en el tema de desarrollo sostenible. En última instancia, las instituciones fuertes son las que garantizan que los niveles de desarrollo persistan en el tiempo. A mi criterio, esta es la palanca principal que movería el índice de manera acelerada.

El pequeño “éxito” que algún agitador se pueda querer atribuir al “vencer” una inversión, significa una gran pérdida para el país cuando este “logro” se alcanza al abusar del sistema de justicia. ¿Quién se responsabiliza por esos cientos de miles de empleos que no se generarán al haber ahuyentado a futuros potenciales inversionistas? ¿Cómo logramos pasar de ser parte de la lista de peor evaluados, a estar en la lista de los mejores países del mundo? Nunca me canso de decirlo, pero Guatemala tiene un potencial inimaginable. Si tan solo unimos esfuerzos hacia una agenda puntual y común, la cual aborde eficazmente estos temas, Guatemala sería otra.

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