Miércoles 24 DE Abril DE 2019
Opinión

Celebrar la vida desde el arte

Celebrar la vida, es ampliarla, conocerla, y para ello hace falta ingresar a mundos únicos en los que aprendemos a pensar  y a cuestionar el mundo que nos rodea.

 

— Marcela Gereda

Mayarí de León es la hija del escritor y poeta Luis de Lión. Como arañita incansable tejiendo una gran red, y con pocos recursos, Mayarí se ha dedicado desde hace muchos (a dar continuidad a lo que fue el sueño y labor de su padre) años a promover el arte y la cultura entre los niños y jóvenes de su comunidad San Juan del Obispo.

Pienso que una manera de celebrarnos como mujeres es regalándonos libros, invitarnos a sembrar para pensarnos a nosotras mismas y al mundo que nos rodea. Ahora que Casa Pensativa (Antigua) recientemente reeditó tres libros de Luis de Lión, hay ahí una ventana para conocer una voz única e imprescindible para imaginar, para sentir, para vibrar al son de este poeta y escritor desaparecido por el Ejército en mayo de 1984, de quien hablé la semana pasada.

Celebrar la vida, es ampliarla, conocerla, y para ello hace falta ingresar a mundos únicos en los que aprendemos a pensar  y a cuestionar el mundo que nos rodea.

Conocí a Luis de Lión allá hacia finales de los noventa, cuando mi cuate Alejandro Paz me dijo que tenía que leerlo. Y desde entonces al ver que con el autor compartíamos inquietudes y preocupaciones como el choque entre indígenas y ladinos, los estereotipos y la desigualdad económica y social entre los grupos, su palabra para mí se convirtió en una especie de amigo al que me gusta siempre volver para pelotear ideas, para adquirir algunas respuestas a veces y otras más preguntas.

En la antropología llamamos a la visión del nativo sobre la realidad, “visión emic”. Es decir, son los hechos sociales narrados no por quien los observa, sino por quien los padece y vive, desde su propia piel. Esa visión “emic”, que atraviesa a lo largo y ancho la palabra honda y llena de significados de Luis es la que hace de su obra algo único e imprescindible para comprender acaso algunas de las dimensiones del inconsciente colectivo de la población indígena porque es una voz desde “dentro” que da cuenta de esa obstinada búsqueda de identidad, de la cotidianidad del mundo rural.

 En ese inconsciente colectivo que coexiste con el personal, “traigo mi aldea en la cabeza”, Luis va dando pinceladas de una historia no contada, esa historia que es la de las mayorías, pero que sigue siendo una historia negada, paralela.

La obra de Luis es única porque desde una capacidad de reírse de sí mismo Luis desborda los estereotipos que el ladino tiene sobre el indígena y no solo se burla de ellos, sino que les da la vuelta y desde asumir su “ser indio” ridiculiza y cuestiona la transculturización.

Esta obra nos puede humanizar, porque este autor expresa en sus relatos que esos códigos sociales mediante los cuales nos relacionamos la población ladina con la población indígena (y que siguen siendo parte de nosotros en la actualidad) no permiten la construcción de una sociedad humana. Es decir, su obra ayuda a comprender que una sociedad verdaderamente humana no admite la división y separación que caracteriza a las relaciones sociales de este país.

Por todo eso que cuenta Luis de Lion en sus relatos es que no es ninguna casualidad que hoy muchos se opongan al pluralismo jurídico indígena porque a los indígenas hoy se les sigue asignando el rol de mano de obra servil y barata y que el acceso a sus recursos naturales y a sus territorios no esté reconocido en nuestra Constitución.

Otra manera de celebrar este próximo Día de la Mujer es apoyando el proyecto que ha mantenido vivo Mayarí de León, el proyecto Luis de Lión (proyectoluisdelion.org), con el que se busca validar el derecho de formación artística y el acceso a la lectura de menores del área rural.

Ahí está la palabra de este gran poeta, llamándonos a leer esa realidad no contada, esta historia paralela e invisible que invita a construir nuevas formas de relacionamiento entre las distintas naciones históricas que conviven en el seno de este mismo Estado que sigue invisibilizando, segregando y excluyendo a los pueblos originarios, para poder construir esa otra realidad social su palabra consciente, cruel, amarga y dulce es única e imprescindible.

Por ello invito al ‘Club Rotario’, a la iniciativa privada, cooperación internacional, organizaciones civiles, Ministerio de Educación y Ministerio de Cultura a dar apoyo real y concreto al proyecto cultural Luis de Lión, dando vida y voz a una palabra necesaria para humanizarnos. No solo porque necesitamos más libros y menos balas, sino porque como sociedad necesitamos recuperar el sentido de lo humano.

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