Viernes 23 DE Agosto DE 2019
Opinión

Adaptación, un problema nacional

Este fenómeno afecta tanto a personas, como a empresas e instituciones, y a la sociedad en su conjunto.

 

Fecha de publicación: 06-03-17
Por: Richard Aitkenhead Castillo

Adaptación, acomodación o ajuste a las circunstancias. Los guatemaltecos nos hemos acostumbrado a no enfrentar el poder, sino a jugarle la vuelta. En las épocas de las dictaduras, la conversación silenciosa entre amigos y partidarios, o los chistes, como escape. Y para los más ilustrados, la novela al estilo del Señor Presidente, de Asturias. Después de la firma de la Paz, y el cese de la violencia política ideológica, han sido frecuentes los acuerdos debajo de la mesa, el incumplimiento de leyes desde la ciudadanía o pagos por trámites con la autoridad. Cuando se busca la aplicación de la Ley, está es lenta y no siempre confiable.

 Cuando se habla de los animales, se dice de su adaptación, la capacidad de ajustarse al medioambiente y sus cambios. Esto parece norma en nuestro país. Nadie se siente responsable ante la costumbre o el acuerdo tácito entre connacionales, aun cuando sea incorrecto. Si son problemas de tránsito, la mordida era la respuesta. En tema de aduanas, pagar a un tramitador. Si era tema de impuestos, abundaban expertos y creatividad. En lo legal, oferta interminable de abogados. En lo público, una doble moral. Cobro de impuestos pero no devolución del IVA. Cobro y gasto corrupto. Despilfarro total en medicinas, y millares de niños sin ser vacunados. Carreteras, a precio de oro. De la prensa, descalificación del quien no exprese nuestra verdad. De los canales, concentración avalada por el sector privado. Del narcotráfico, cómplice investigación del origen de fondos. Al final, capacidad de adaptación.

Este fenómeno afecta tanto a personas, como a empresas e instituciones, y a la sociedad en su conjunto. Las personas han olvidado su capacidad de resistencia y oposición. Los logros de la Plaza Central del 2015, por ejemplo, son una excepción. A partir de entonces, poco que resaltar. En empresas e instituciones, la solicitud de comisiones, los actos con claro conflicto de interés, la pérdida de credibilidad ante los colaboradores por acciones de propietarios o directores, o la falta de compromiso efectivo de normas establecidas, nos muestran que estamos adaptándonos a niveles de excelencia menores, más permisivos.

En lo nacional, el problema es aún mayor. Un slogan hizo presidente a Jimmy Morales, “Ni corrupto, ni ladrón”. Ahora debemos exigirle que lo demuestre en su gestión con hechos y acciones. No puede pedir la salida de la CICIG; no puede apoyar la aprobación de las reformas constitucionales de justicia, con cambios en los temas más controversiales; no puede ceder ante el crimen organizado. El consenso es importante, pero no puede ser un freno. Debe impulsar el cambio, en amplio sentido de la palabra. Por su parte, las Cortes deben garantizar imparcialidad y aplicación de justicia. Si tienen pruebas, condenen. Si no tienen, absuelvan. No se debe politizar litigios, por razones ideológicas. Basta de adaptación, urge Estado de derecho real, y no antojadizo. Este es el desafío mayor del 2017.