Miércoles 13 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Más vale ir ordenando la casa

El mercantilismo criollo y la cooptación del Estado ya no son opción para darle viabilidad al país.

Fecha de publicación: 28-02-17
Por: Manfredo Marroquín

La visita del secretario de Homeland Security, el general John Kelly confirmó que la agenda de Estados Unidos para Guatemala no sufrirá variaciones sustanciales. Apoyo a la CICIG y su actual comisionado, continuidad del Plan para la Prosperidad y la esperada pero aumentada escalada de deportaciones de connacionales que viven ilegalmente en ese país.

En otras palabras, más vale que nos pongamos serios en ir resolviendo nuestro maltrecho modelo económico que no es capaz de generar empleo para la mayoría de habitantes y de organizar políticas públicas eficaces que recuperen las instituciones para que cumplan con las funciones para las que fueron constitucionalmente establecidas. O para decirlo más claro: el mercantilismo criollo y la cooptación del Estado ya no son opción para darle viabilidad al país.

Las cosas llegaron a un límite para nuestros vecinos del Norte. Y no es solo Estados Unidos. En una reciente reunión llevada a cabo en Tapachula, estado de Chiapas, fronterizo con Guatemala, las altas autoridades de seguridad interna de México y Estados Unidos estuvieron discutiendo opciones para sellar la frontera Sur, es decir la de Guatemala con el vecino del Norte. Ambos países coinciden en que es la migración proveniente de esa frontera la que ha desbordado la frontera Norte del Río Bravo, al punto que ambos países consideran ese flujo humano como una amenaza a su seguridad.

En la visita que hicieran a la capital mexicana, tanto el secretario de Estado, Rex Tillerson con el general Kelly la semana pasada, ambos señalaron que es la migración de los centroamericanos del Triángulo del Norte su principal preocupación, tratando de bajar el nivel de tensión que viven las relaciones entre ambos países luego de los constantes señalamientos de Trump contra el
hermano país.

Nuestras elites deben aceptar como un hecho consumado que el modelo político y económico vigente las últimas cuatro décadas ya no es viable, pues la válvula de escape que lo hacía flotar era precisamente el flujo migratorio hacia Estados Unidos, que tenía la bondad de absorber un buen porcentaje de la mano de obra expulsada por la falta de oportunidades a nivel nacional, pero además esa mano de obra migrante era la fuente principal de divisas en montos que ninguna otra actividad productiva era capaz de generar.

Es decir, se acabó el salvavidas que hacía flotar nuestro mediocre sistema económico y su respectivo correlato un sistema político cooptado al servicio de grupos gestores de favores y privilegios. Ahora toca examinar la casa por dentro para dar cabida a ese 80 por ciento de población que vive en la economía informal, sin percibir los beneficios de un empleo estable y que, por la misma condición de subsistir en actividades al margen de la formalidad, tampoco son contribuyentes activos del fisco generando un círculo perverso de un Estado débil que por esa misma condición, no puede atender las demandas sociales.

A ese conglomerado que es la mayoría de la población se suman ahora los dos millones y medio de guatemaltecos que viven en Estados Unidos y de la cual al menos el 70 por ciento corre riesgo de deportación por su condición de ilegales. Nos enfrentamos sin duda, al mayor reto en nuestra historia moderna. El peor escenario: seguir ignorando el desafío y continuar como hasta ahora sin hacer nada.

El escenario óptimo y deseable: construir consensos sobre políticas de Nación que promuevan empleo masivo en las áreas de mayor potencial dados nuestros recursos y posición geopolítica. Los niveles de conflictividad ya existentes son tan solo una alerta temprana de lo que nos espera si no actuamos pronto y con responsabilidad.