Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Respeto a la Constitución

Si los diputados aceptan cambios en la Constitución, se tendría que llamar a una Constituyente.

 

— Jaime Arimany
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En estos momentos, nuestro país se encuentra convulsionado por enfrentamientos civiles, que dieron inicio con una lucha contra la corrupción y la impunidad, sirviendo de pretexto para proponer cambios constitucionales, que incluyen la aplicación de la justicia a través de costumbres ancestrales, las cuales no tengo idea de dónde las sacaron en la mayoría de municipios, porque no sabían escribir, lo cual me consta por seis años con el PEBI de Amigos del País y más de treinta años impulsando el aprendizaje de la lectura en Conalfa.

Lo que da claramente una ilustración de la situación, es que las propuestas para generar leyes o normas diferentes, están basadas en costumbres ancestrales desconocidas o que no han sido utilizadas en quinientos años. Se complica la situación, por el hecho de que se habla más de veintitrés idiomas nativos, habiendo habitantes con el mismo idioma que viven en diferentes pueblos, los cuales tienen diferentes ideas legales y según algunos líderes lo dicen, porque no hay nada escrito, sobre la forma de cómo juzgar y aplicar la justicia.

Se proponen castigos para quienes faltan a la ley, vi en WhatsApp latiguear a un delincuente, lo que posiblemente sería mejor que tenerlo preso y condenado al salir a delinquir; pero evidentemente, por el amor que debemos al prójimo, antes de pensar en los castigos, debemos idear en cómo prepararlos para cuando regresen a la comunidad, quizás el primer paso sea que las cárceles se conviertan en centros de producción, donde puedan aprender un oficio y ganar dinero para que no salgan a delinquir, para sobrevivir al salir o, inclusive con ellos o ellas montar, en conjunto con el apoyo estatal y de entidades privadas, empresas comerciales, de profesionales, agrícolas, industriales, etcétera.

Por otro lado, probablemente el origen de gran parte de la delincuencia está en no exigir que los padres envíen a sus hijos a la escuela hasta tener una educación mínima de trece años, debiéndose convertir en delito y ser llevados a los tribunales si no lo hacen, como en Tampa, EE. UU.

Líderes indígenas, algunos profesionales del derecho, y extranjeros están haciendo escándalos para realizar cambios en nuestra Constitución, cuando ya existe desde el año 2002 la Ley de Descentralización, que se debería probar en varios municipios y ver cómo funciona; a los diputados les propongo que, en vez de cambiar la Constitución, quiten las leyes mañosas que impiden su funcionamiento y apañan la corrupción desde el Congreso.

El Estado debe proveer los fondos suficientes para la educación y la seguridad de cada municipio del país, siendo estos los primeros pasos para la urgente descentralización; la educación planeada con lineamientos del cuerpo municipal, sería supervisada por el Mineduc, lo cual permitiría hacer énfasis en sus ideas locales. Complementando este proceso, los alcaldes deberían proponer candidatos y hacer elecciones para elegir la autoridad policial.

Si los diputados aceptan cambios en la Constitución, se tendría que llamar a una Constituyente, lo cual es caro e innecesario, si se toma en cuenta que las leyes deben ser iguales para todos los ciudadanos del país y que en su primera etapa la educación y la policía del municipio estarían a cargo de personas electas por su comunidad.

Señores Embajadores de gobiernos amigos, ¿Qué pasaría si un embajador o un juez guatemalteco, que dudo lo permitirían tener, con buenas intenciones promoviera o forzara cambios en la Constitución de su país?

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