Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Enfoque: Conflictividad social en cada esquina

Reformas, corrupción, electricidad, minería, hidroeléctricas, taxis, inseguridad, aborto… y todo en un marco de desconfianza.

— Gonzalo Marroquín
Más noticias que te pueden interesar

Una de las características del nuevo milenio, es que lo que sucede trasciende casi de manera inmediata. Además, ahora cualquier persona puede opinar en las redes sociales y tenemos una sociedad informada –no siempre de manera correcta–, que vive en un mundo en el que nada se puede esconder, mucho menos, pretender tapar el sol con un dedo.

De esa cuenta, no es novedad mencionar que los guatemaltecos atravesamos por un momento muy complicado, con esa conflictividad social que brota a cada instante y que nos mantiene en vilo como sociedad, flotando sobre una problemática que, tristemente, es producto de la falta de atención y definición en políticas públicas, acuerdos sociales, y la famosa visión de país, tan cacareada en el pasado, pero siempre ausente en la práctica.

Al inicio menciono una lista de problemas urgentes que provocan esa conflictividad. No son los únicos ni necesariamente los más trascendentales, simplemente son los que ahora ocupan la agenda política, social y económica de manera más inmediata y que, sumados, crean un ambiente de incertidumbre en una sociedad que no ve rumbo en el curso que llevamos como país.

Causas hay muchísimas y todos los sectores cargamos con una parte de la culpa. Eso sí, uno de los factores más determinantes ha sido el fracaso del sistema político, llamado a fortalecer las instituciones, dar respuesta a las demandas sociales, trazar el rumbo a seguir como Nación, y generar armonía social. La llamada clase política –convertida en dominante– ha sido, no solo incapaz de cumplir con esa función, sino que además ha provocado indirectamente el agravamiento de toda la problemática socioeconómica en cuestión.

Después de 36 años de una guerra inútil, vuelven los fantasmas de la lucha ideológica entre la izquierda y la derecha. En ese marco estamos con las famosas reformas constitucionales al sector justicia. Necesarias, pero mal planteadas, al extremo de haber provocado una confrontación por el tema de la justicia indígena que ya ha entrampado su aprobación en el Congreso y, en caso de que se produzca, se corre el riesgo de ir a una consulta popular en la que solamente se tire el dinero –Q300 millones– sin obtener los resultados que el país necesita.

Al mismo tiempo se suman los temas sensibles en las comunidades indígenas como el incremento de la energía eléctrica, producto del retiro de una parte del subsidio a la tarifa social por parte del gobierno, la construcción de hidroeléctricas

–positivas en muchos sentidos, pero rechazadas por las comunidades–, y la minería. Todo esto, por falta de definición en las políticas públicas.

Un verdadero polvorín que se junta en estos momentos y por eso veremos manifestaciones y protestas en los próximos días y semanas. Lo malo, es que a falta de liderazgos confiables, no es fácil encontrar una instancia que pueda mediar y aplacar los ánimos. Igual está el sector empresarial, con temores y miedo de resoluciones y acciones en torno a millonarias inversiones en electricidad, algunas de las cuales han sido incluso detenidas por resoluciones de la CC.

Hasta Uber ha venido a crear conflicto, porque la Municipalidad capitalina no ha creado el ambiente propicio –mucho menos las normas– para que este moderno servicio pueda operar en armonía, en beneficio de los usuarios. Aquí se está creando un escenario de todos contra todos.

Para grandes males, grandes remedios. El problema es que nosotros estamos como los hospitales nacionales: hay grandes males, pero no hay medicina en la bodega. Esta conflictividad se debe apaciguar. Todos los sectores debemos ser cuidadosos en este momento para no echar gasolina a un fuego que ya nos consume. Cada paso que se dé, puede provocar mayor confrontación y conflictividad, o puede atenuar ambas. En todo caso, lo necesario es ver actitudes conciliatorias de las partes, tolerancia y, por encima de todo, el interés de lograr avances como Nación. No es fácil, pero quien, o quienes, inicien una gestión en esa dirección pueden tener un liderazgo y rol positivo para el país.

Pero ojo, el gran enemigo es la desconfianza, y vencerla sería el primer reto a superar.

Etiquetas: